domingo, 31 de agosto de 2014

TALLER DE ESCRITURA - LIBRO DE CRÓNICA LIBRE 2014

Libro de Crónica Libre 2014

TALLER DE ESCRITURA - MARCO TEÓRICO



UNIVERSIDAD INDUSTRIAL DE SANTANDER (UIS)
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS
ESCUELA DE IDIOMAS (UIS)
TALLER DE DIDÁCTICA DE LA LENGUA MATERNA II
Prof. WILSON GOMEZ MORENO

TRABAJO PRESENTADO POR:
Edwin Leonel Ulloa Reyez
Laura Vanessa Olave Mendez
Adrián Gómez Díaz
Angy Gaona
Andrea Abril Rojas


MARCO TEÓRICO


¿QUÉ ES ESCRIBIR?

Ante la pregunta de ¿qué es escribir?, se podría responder, primero que todo y entre tantas definiciones, que escribir es vomitar. Escribir es vomitar en el sentido de que se saca de alguna parte de nosotros algo que queremos decir, o que no, pero que de todas formas tiene que salir porque causa malestar, náusea -y que a lo mejor si no sale se convierte en un gusano, por decirlo así-; un gusano de vómitos que camina por nuestra lengua, por los pulmones, por los intestinos, etcétera. Un gusano de palabras sin forma que hallará una quizás en el momento que nos deje y nutra un vacío más blanco que nosotros. El vacío del papel, el vacío de la hoja de la computadora, el vacío de la pared; el vacío del instante en el que se escribe y el vacío de la vida que será saqueado por las patas de sapo de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos, de nuestros recuerdos; de nuestras realidades-ficciones que cambian y desde la muerte, desde la tumba del vacío ya no tan blanco, toman la máscara de la verdad y la mentira, mientras pasa el tiempo con los pies del olvido-un gigante: el más grande del mundo- que llenan todo de polvo mientras sudan y bailan.

Esto, lo anterior, es una definición del pensamiento colectivo del grupo, de lo que es escribir o podría ser el ejercicio de la escritura como tal. Digamos que desde una experiencia mediocre, y que por supuesto no es una novedad, pero que se vale, ¿por qué no? Otra definición nos dice que escribir es el proceso, por el cual, a través de una tecnología -la escritura- expresamos un sentimiento, una idea, un pensamiento, etcétera; o sea que escribir es comunicar algo, aunque en muchos casos esto no haya sido una intención consciente. Algunos de los estudiantes del Colegio Santander (de 8 ▫ jornada de la tarde), a los que se les preguntó que para qué escribían, respondieron de manera concreta que para expresar sus sentimientos, y de esta forma no estaban tan lejos de la definición anterior. Además, señalaron que escribían para aprender y esto también podría relacionarse fácilmente-aunque ellos no hayan explicado aprender qué- con otra definición, muy común entre maestros de lengua castellana, que apunta a que escribir es una forma de organizar los pensamientos y los procesos dialógicos; y que todo se lleva a cabo consigo mismo, pero a la que cabría  agregarle que escribir también es una forma de jugar con el pensamiento, con las nociones e ideas, etc, y asimismo, que la escritura es un proceso selectivo muchas veces, debido a que siempre está la libertad y la posibilidad de escoger que se quiere dejar como marca sobre la hoja en blanco.

Los lineamientos curriculares de Lengua Castellana señalan que el proceso de escribir es similar al de leer. Es decir, que “no se trata solamente de una codificación de significados a través de reglas lingüísticas. Se trata de un proceso que a la vez es social e individual en el que se configura un mundo y se ponen en juego saberes, competencias, intereses, y que a la vez está determinado por un contexto socio-cultural y pragmático que determina el acto de escribir: escribir es producir el mundo (p. 27). 

Siguiendo la cita previa, esta definición es quizá bastante más acertada que las anteriores, y a  partir de esta, se tomará impulso para lo que se pretende con el taller de crónica que  llevaremos a cabo en grupo, nuestro taller de Crónica Libre 2014. De todas formas, las definiciones previamente establecidas también sirven, y están ahí cerca si se quiere hacer uso de ellas, porque el objetivo del taller no solo es que los estudiantes aprendan a escribir un poco mejor- a través de la enseñanza de la escritura de un género sencillo, pero lleno de diversidad, por decirlo así, como es la crónica- sino que también den cuenta de ese mundo que estando ya configurado interiormente, a pesar del caos y la complejidad de cada ser, puede en el proceso de escribir configurarse de otra forma produciendo así el mundo; una cara más del mundo y la vida, que también ayudan a conocerse un poco más porque están totalmente impregnados de un contexto socio-cultural en donde tanto lo individual como lo social son necesarios.

Siguiendo con los planteamientos de los Lineamientos Curriculares de Lengua Castellana (MEN, 1998), hay que agregar que escribir es una de las cuatro competencias necesarias, junto a leer, hablar y escuchar, para lograr un desarrollo integral de los aspectos relacionados con el lenguaje; y que este taller se justifica sobre todo en la idea de que hay que “ir más allá de la competencia lingüística como horizonte del trabajo pedagógico, e incluso más allá de la competencia comunicativa” (MEN, p. 25), para así poder construir realmente sentido, porque eso también es escribir: construir sentido. Asimismo, no sobra decir que con el proceso de escribir, de producir un texto- en este caso crónicas- se ponen en juego actividades cognitivas como son “la abstracción, el análisis, la síntesis, la inferencia, la inducción, la deducción, la comparación, la asociación”(Estándares básicos de competencia del lenguaje, 2006, p. 21).

¿QUÉ ES LA ESCRITURA?

Para abordar qué es la escritura, se partirá de algo que ya se dijo cuándo se trató de dar cuenta de qué es escribir. Me refiero a las palabras, en donde se señala que la escritura es una “tecnología”, viniendo dicha noción de uno de los filósofos griegos más importantes: Platón. Este filósofo “consideraba la escritura como una tecnología externa y ajena, lo mismo que muchas personas hoy en día piensan de la computadora” (Oralidad y escritura, p. 84), y con esto se refería a que la escritura es algo artificial, algo no natural como si puede serlo el habla oral de todo ser humano. Otra definición de escritura, que aparece en el libro Oralidad y Escritura del profesor Walter J. Ong, es la de Ferdinand de Saussure, cuando habla de la primacía del habla oral y de la tendencia aún entre letrados “de considerar la escritura como la forma básica del lenguaje” (Oralidad y escritura, p. 15), y que apuntan a una de las características de toda escritura, aunque aquí Saussure critique esa supuesta forma básica del lenguaje en la escritura: esto es, que la escritura está estrechamente relacionada con la oralidad y que para existir necesita de esta en tanto que la oralidad no necesita de escritura alguna.

En el mismo libro de Walter J. Ong encontramos otras citas referentes a la escritura que son de gran ayuda para definir esta. Dice el autor de Oralidad y Escritura que Edward Sapir, C. Hockett y Leonard Bloomfield sostenían la opinión de que “la escritura simplemente representa en forma visible la lengua hablada” (p. 25), y aunque esto no es del todo cierto, ya que no siempre representa la oralidad, si lo es el hecho de que gracias a esta visibilidad de la escritura podemos concebir las palabras que conforman la escritura como algo que se puede ver y tocar, semejante a los objetos y las cosas. Con esto también se apunta a que la escritura es una herramienta fundamental, una herramienta que se utiliza en un para qué concreto. 

Siguiendo lo afirmado, la escritura es un aprendizaje artificial, a diferencia de cuando aprendemos a hablar, que es un aprendizaje natural; la escritura ha tenido un proceso complejísimo desde que se originó y apunta a un arte difícil de aprender, pero sobre todo difícil de enseñar que tiene un largo proceso de preparación -hoy en día- por parte de los maestros, quienes son, sin lugar a dudas, sujetos sociales del cambio en  la enseñanza y el aprendizaje de la lectura y la escritura, poderosas herramientas que, a su vez, son eventos que se dan en contexto porque la escritura no tiene ningún matiz político, ni religioso ni mucho menos cultural, ya que desde siglos atrás ha tenido un poder democratizador.

Ahora bien, la escritura es un proceso muy complejo donde convergen muchos elementos, tales como las herramientas, el espacio, los rituales, y en otras palabras, el trabajo en lo cotidiano. Esta idea la reafirma el profesor Wilson Gómez Moreno en su libro Apuntes al margen: “debemos pensar que la especificidad de nuestro taller es la escritura; es decir, que a él deben llegar personas interesadas en reparar, producir, construir o reconstruir escrituras; por lo tanto, el saber que aquí debe circular es el saber sobre el oficio de escribir. (Gómez Moreno, pág. 25)

De la anterior cita, se puede apuntar a que en la vida cotidiana, un taller es el espacio donde un aprendiz va a aprender un conocimiento en concreto. Así pues, en el taller de escritura se va a aprender sobre la escritura. Vemos entonces que el taller de escritura parte de un problema y, por ende, el taller se enfoca a un saber especializado donde el que guía es el maestro-quien sabe- y por otra parte, el que es guiado, el aprendiz, reconoce que no sabe. En consecuencia, el taller de escritura es un proceso complejo, donde paso a paso se aprende y construye como pasa en otros talleres de mecánica, panadería, cocina, etc. Por tal efecto, nuestro taller de Crónica Libre 2014 se ha enfocado desde el inicio a ese concepto fundamental de “taller”, para que los estudiantes del Colegio Santander sean parte de dicho proceso.


TALLER COMO DIDÁCTICA DE LA ESCRITURA

Para abordar el taller como didáctica de la escritura, se tiene en cuenta las ideas planteadas por el profesor Wilson Gómez Moreno, en texto ya mencionado Apuntes al margen: didáctica de la escritura (2005) debido a su pertenencia en el desarrollo de nuestro taller que nos dilucida aspectos fundamentales de la didáctica de la escritura. A saber, él expone que si se precisa el concepto de “taller” y se observa el taller de escritura como se haría con un taller de mecánica, salen a la luz aspectos propios del trabajo de escribir que se asemejan al de cualquier otro oficio. Escribir tiene sus técnicas, sugiere unas prácticas, afina unos métodos, hasta dar cuenta de los productos llamados textos. Afirma  Gómez: “Escribir es también un ejercicio artesanal” (GOMEZ, 2005, p. 65). Desde este punto de vista, el taller sería la forma didáctica más útil para la construcción de esos artefactos peculiares que son los textos.

Por esto mismo, apostaremos a nuestro objetivo didáctico a través de la práctica del taller de escritura. Las observaciones del profesor nos apoyan en su realización, pues define al taller como “un conjunto estructural de prácticas, eventos, rituales, objetos y formas de hacer que se articulan en una dinámica compleja, particularizada en cada situación, en cada problema por resolver.” (GOMEZ, 2005, p. 24). Allí radica el poder de la didáctica, que es justamente la que muestra cómo resolverlos. Por lo menos, cada didáctica aprecia un camino por el que los problemas antes bien muden en nuevas inquietudes.

Por ende, acompañar este proceso por parte del maestro le implica comprender las dinámicas del otro. El gesto de comprender, lo sitúa en un papel de “quien sabe hacer, enseña “mostrando el saber”, orienta el hacer del otro, revisa, aconseja, aprueba y evalúa” (GÓMEZ, 2005, p.28). Es también, agregaríamos, quien se maravilla de sus estudiantes hasta que termina por aprender mucho de ellos. Por eso, en un taller de escritura, el maestro ha de escribir los mismos ejercicios que sus estudiantes, de suerte que aquellos les sirvan como modelo, anota también el profesor Gómez.

En efecto, la didáctica de la escritura puede ser desarrollada idóneamente desde esta perspectiva del taller, pero su dimensión va siempre más allá. Juan Mallart aprecia que la didáctica haya sido el nombre de un género literario desde la antigüedad. Los trabajos y los días de Hesíodo es un ejemplo de texto cuya intención radica en enseñar a ser o a hacer. Para él, la didáctica es una ciencia práctica, de intervención y transformadora de la realidad (MALLART, 2001, p.7). Esta misión intrínseca de transformar la realidad que asume la didáctica funciona también consigo misma, por lo que el universo de las didácticas es considerable.

Es por esto que la didáctica de la escritura implica un camino sugerente pero personal. El objetivo que se comparte con otras didácticas es el mismo: enseñar- aprender a escribir. Pero la vía es diferente. En este sentido, nuestro taller de crónica libre 2014 apunta a esta idea fundamental del acto de escritura.

Ahora bien, una didáctica de la escritura entiende que la habilidad para expresarnos por escrito es fundamento de la comprensión y una fuente de apropiación del mundo, en otras palabras, con la escritura podemos expresar lo que justamente es vital para el ser. También, y como factor desencadenante muy propio, es a través de la escritura como hacemos las propuestas y los cambios que el entorno requiere. Las palabras y su escritura guardan dentro de sí el poder de transformar la realidad, de volver verdadero y posible nuestro anhelo más fiel. En este sentido, el taller de escritura es, por ende, el lugar para acoger a las palabras como una de las herramientas indispensables para la vida. Disponerlas para todos en el espacio-tiempo del taller es una posibilidad pertinente a las comunidades en general.

Si bien es necesario despertar la atención sobre las palabras con las que alimentaremos nuestros textos, a este despertar de la conciencia del lenguaje asisten la razón y  la intuición, entre otras facultades mentales y sensoriales. Se trata de leer todo lo que acontece alrededor y volcarlo en el recurso del lenguaje articulado. Por tal motivo, la didáctica de la escritura se inspira en la actividad como manera de desinhibir a los estudiantes escritores hacia la escritura de cualquier texto.

Pues bien, los aspectos técnicos en la actualidad, están mediados por las transformaciones que logran la lectura y la escritura. En la organización formal del texto, intervienen factores de diversas modalidades en la actualidad y es necesario que la didáctica se adapte a estos cambios hacia la multimodalidad:

“Nosotros vemos que los recursos multimodales están disponibles en una cultura acostumbrada a construir sentido en cada uno de los distintos signos, en todos los niveles, y de cualquier forma. Donde la lingüística tradicional tenía un lenguaje definido como un sistema que funciona a través de la doble articulación, donde un mensaje era una, articulación entre significante y significado, nosotros vemos textos multimodales como constructores de sentido en múltiples articulaciones”. (KRESS y VAN LEEUWEN, 2001, p. 3).

Conocedores de estos aspectos técnicos, es que proponemos el uso de materiales para la escritura que promuevan la libertad pero siempre bajo la atención despierta de cada estudiante a quien se propone inventar y responsabilizarse de su propio método de aprendizaje o didáctica. El ejercicio hecho a conciencia quizá le arroje la fábula que no es otra cosa que el tesoro que encuentra y desentraña el trabajo dedicado característico de un taller, una mina, un viaje. Siguiendo la idea anterior, nuestro taller intentará seguir un proceso de escritura con cada uno de los estudiantes, proyectando, paso a paso, un ejercicio didáctico en el salón de clase.


¿QUÉ ES UNA CRÓNICA?

Como bien se sabe, existe una gran variedad de definiciones de crónica. Pero, siempre existen definiciones erróneas que desvían el verdadero sentido del objetivo de la misma.  Según Luis Gruss*, “la crónica es un género o subgénero que se caracteriza por la amplitud de estilos y cierta libertad del cronista para interpretar y construir (o reconstruir) con palabras los hechos que ha visto y narra. Lo fundamental no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta”. Igualmente, se puede evidenciar que la crónica informa sobre los hechos ocurridos aunque no se limita a esa función solamente, porque el autor reinventa estos hechos desde la literatura y su subjetividad, siempre y cuando no se pierda la fidelidad de los hechos.  Los hechos se revelan más en acciones que en consideraciones, porque narrar es representar en el discurso acciones que se suceden en el tiempo y en el espacio.

La palabra crónica viene kronika biblios (crónica biblia) y de khronos (tiempo)**, su vida está dada ante el transcurso del tiempo. La crónica pretende atrapar el raro fluir de las cosas. Un caso muy particular de esa “captura del raro fluir de las cosas”, es América, que se hizo en base a crónicas. Se llenó de nombres, ideas y conceptos como un intento de adaptación de lo que se sabía a lo que no se sabía. Por ejemplo, Luis Gruss menciona que “un cronista de indias describe una fruta que no había visto nunca. Y dice: “es como las manzanas de Castilla”, sólo que es ovalada y adentro tiene carne anaranjada. Se evidencia que el cronista no hablada de la manzana de Castilla”, es decir, tenía que partir de algo: no podía empezar de la nada. Entonces, se puede decir que el acto de componer una crónica parte de lo conocido para alcanzar lo desconocido. Por ejemplo, vamos a un lugar con lo que creemos que vamos a ver y chocamos con lo que vemos. De esos efectos colaterales de esa colisión (dos visiones) se esconde la razón de una “buena” crónica.

La crónica se ocupa fundamentalmente de contar lo que la gente vive y su cotidianidad y esa misma gente es quien va a leer eso que se ha escrito, porque aquello que le pasa a una persona les pasa casi a todos. Además, la crónica no requiere de hechos extraordinarios (aunque pueda contenerlos); no pide más que una buena y profunda mirada, buena escritura, estilo, personalidad, capacidad de contar algo más o menos ordenadamente (lo que no excluye dar cuenta del caos, de lo indeterminado, de lo que no puede ser fácilmente nombrado). Toda crónica está muy cerca de evocar experiencias personales, cuantos más elementos se incorporen de esa experiencia íntima a los relatos de hechos ajenos más conseguiremos volver a estos últimos accesibles y reconocibles.

De igual manera, Luis Gruss menciona que “lo central para un cronista es aprender a mirar algo con la mayor atención. Y hacerlo siempre con la actitud del “cazador”: con cierto espíritu primitivo y con la mayor fuerza posible.  Ya en la elección del tema hay una toma de posición. Luego saber: dónde poner el foco, qué dejar, qué eliminar, cómo empezar, cómo terminar”. Pero incluso todo esto forma parte de la decisión inicial, ¿Qué se quiere contar? ¿Por qué se hace? ¿Cómo voy a encarar esa tarea? El otro desafío es la puesta en escena de la narración. Porque las acciones puras, son siempre más poderosas que la frase más bonita. Además, no se puede dejar a un lado la forma y el estilo propio de todos los géneros literarios, por ejemplo, el uso correcto de verbos y signos de puntuación.

El otro tema es definir la estructura (algo que quizás no haga falta definir de entrada ya que en definitiva se trata del resultado de un proceso); si se usarán diálogos o no, entrecomillados, datos puntuales y presentación de personajes en el relato. Esto último es importante y en este caso como en los otros debemos actuar casi como escritores. Un personaje –al igual que un escenario- debe estar bien presentado. Una buena descripción de personajes y escenarios es fundamental siempre que no se convierta en un catálogo de nimiedades.

La crónica es un género informativo-narrativo con absoluta libertad expresiva. Se distinguen principalmente dos partes. La primera parte que se tiene en cuenta en su estructura es la titulación, porque es el principal medio para atraer al lector. Para ello es necesario que la titulación tenga elementos interpretativos, este debe ser llamativo, pero conservar lo frío e imparcial porque hace que el lector se acerque a su texto sin percibir que se trata de una valoración de lo que ha sucedido.

Asimismo, el primer párrafo, tiene la función de captar un mayor interés por parte del lector, por eso, se debe comenzar con un juicio acertado y original. El objetivo es que el lector se sienta atraído por su lectura hasta el final del texto. En algunas ocasiones, se utiliza una técnica que consiste en dejar algún interrogante de cierta importancia al inicio para obligar a buscar la respuesta en el cuerpo, pero es necesario hacerlo con precaución, ya que el interés suscitado debe verse finalmente compensado.

El cuerpo de la crónica tiene un estilo libre, por lo que es difícil prever si el cronista va a dar más o menos importancia al hecho, o, por el contrario, a la valoración. Además, no parece adecuado especificar una composición con una presentación, argumentación y conclusión, pues el orden de las partes que lo componen es diferente en cada una dependiendo de su autor. La conclusión no está siempre al final del relato, pues muchos cronistas prefieren hacer la valoración al principio, e incluso en los titulares, mientras que la argumentación normalmente va a lo largo de todo el texto. Es un género con una estructura formal absolutamente libre.

En opinión de Susana González Reyna (1991: 37), “la crónica es un género que recurre a la forma narrativa para el relato de lo sucedido, por lo que le corresponde la estructura de un texto unitario. En su opinión, este género tiene unas características en su redacción basadas en cuatro condiciones: Evocar los hechos que quiere destacar, ordenar los datos importantes, dar el tono adecuado para atraer al lector y como es un texto donde prepondera la subjetividad, mostrarla de forma discreta y elegante”. Además, propone una estructura sencilla de tres partes que considera igualmente importantes: La entrada, que debe tener fuerza y resultar atractiva, el relato, que incluye los detalles importantes de lo sucedido y la conclusión, que es el final del relato, aunque no un juicio.

Por último, las crónicas son tan variadas como los estilos de sus autores. Cada escritor imprime su sello personal, por lo que intentar hacer una clasificación válida para todos los casos. Por ello, algunos autores prefieren distinguirlas teniendo en cuenta el asunto del que tratan, por ejemplo, crónica de sucesos, crónica deportiva, crónica taurina, etc. o el lugar desde el que se realizan crónica de corresponsal en el extranjero, crónica de corresponsal en provincias, crónica de enviado especial, etc. (García Núñez, 1985: 63).

Igualmente, Lorenzo Gomis diferencia la crónica en dos tipos: la crónica que cubre un lugar, y la crónica que cubre un suceso. Para este autor, en el primer grupo el escritor relata y valora cualquier asunto que se presente en el sitio desde donde la realiza, en el segundo caso lo normal es que se trate de un especialista en crónicas judiciales, deportivas o parlamentarias.

Pero además de lo anterior, un cronista se identifica es en su estilo particular. Se trata de un texto que siempre debe estar elaborado con recursos creativos, ya que es el rasgo característico. En palabras de Martín Vivaldi (1998: 139), todo buen cronista debe “informar literariamente”. Pero también es un texto informativo, por lo que debe estar redactado con claridad, sencillez y precisión. Son textos que informan sobre acontecimientos políticos, sociales, deportivos o taurinos desde el lugar en el que se han producido, pero el cronista imprime su propio estilo. Y por esto se permite diferenciarlas en dos grupos. Cuando su estilo le da un contenido preferentemente centrado en la función informativa, tenemos la crónica informativa; y cuando principalmente está inclinado hacia una valoración de lo sucedido sin olvidar la información, se trata de una crónica valorativa.


BIBLIOGRAFÍA

·       YANES, R. (2006). La crónica, un género del periodismo literario equidistante entre la información y la interpretación. Revista de estudios literarios, 32. Recuperado el 13 de Junio de 2014, desde http://www.ucm.es/info/especulo/numero32/cronica.html
·       GRUSS, L. (2014). Crónica, repaso general. Recuperado el 13 de Junio de 2014, desde http://suspendelviaje.blogspot.com/


TALLER DE ESCRITURA - SECUENCIA DIDÁCTICA



SECUENCIA DIDÁCTICA:

Primera Sesión:
RECONOCIENDO EL TERRENO
Tema: Diagnóstico I
Objetivo: Reconocer el grupo, presentando la crónica como el género literario que se trabajará en estas sesiones de lectura y escritura creativas.
Indicadores:
Aporta sus apreciaciones con respecto a la escritura.
Da su concepto de género literario y de crónica.
Actividades:
     A.    Saludo y presentación del equipo de profesores.
     B.     Formulación de preguntas acerca de la escritura y la crónica (Ver Anexo 1):

1.      ¿Le gusta escribir?
2.      ¿Para qué escribe?
3.      ¿Qué género literario les gusta más?
4.      ¿Qué saben de la crónica?
     C.     Exposición de los motivos del taller que se presentó como un espacio para la libertad de expresión.
     D.    Lectura de la crónica “El centro” de Juan Carlos Gómez.
   E.  Lectura comentada de la crónica de Héctor Abad Faciolince “Instrucciones para escribir una crónica”, que los estudiantes recibieron impresa.
    F.    Enunciación de la tarea para vacaciones: Escribir una crónica sobre un hecho destacado de las vacaciones.

























Evaluación:
1. Antes de terminar la sesión, se les pidió a los estudiantes que manifestaran sus impresiones con respecto al taller y si querían que volviéramos a su clase de Español.

Algunas de sus respuestas fueron:
*Silencio y sonrisas. Miradas unos a otros…
*Alguien adelante dijo que estaba bien que viniéramos porque les dimos libertad para expresarse.
*Otro manifestó que la lectura estuvo buena.
* Hubo quien dijo que les había gustado mucho más que otras veces, cuando también habían ido otras personas a hacer ejercicios parecidos al que nosotros hicimos.

2. Lectura del diagnóstico:

Mirando las respuestas del grupo de octavo grado del Colegio Santander, que no todos entregaron porque solo hay veinticinco, uno puede sacar algunas conclusiones. La primera, que hay un grupo, bastante pequeño, por cierto, al que realmente no le gusta escribir y cuando escribe simplemente lo hace porque le toca. La segunda, que a la mayoría de los que entregaron la hoja con las respuestas les gusta escribir un poco para poder expresar sus sentimientos y para aprender, como dicen ellos mismos. La tercera, que la mayoría no tiene claro cuáles son los géneros literarios, pero aun así, por sus respuestas de que les gusta lo fantástico y la ficción, uno diría que les gusta, más que todo, los cuentos. Y la cuarta, que solo uno o dos tiene una pequeña idea de lo que es una crónica. Además, ver que existen ciertos problemas con la ortografía, la puntuación y en ciertos casos, de coherencia.

Aún con esto, si bien, va a ser difícil el trabajo con los muchachos como deja ver las conclusiones anteriores, hay también algo que nos parece muy importante para emprender la enseñanza de cualquier cosa. Esto es el interés, que pudimos ver en los estudiantes de octavo cuando se llevaron a cabo las dos lecturas; y otra cosa, que con la crónica ellos van a trabajar con el material de lo que viven a diario, con su experiencia; con lo que sus ojos ven y con todo eso de lo que ellos están hechos.


  CRÓNICA - DIAGNÓSTICO

1
Con el coordinador del Colegio Santander, que la verdad no sé cómo se llama, habíamos quedado de encontrarnos quince o diez minutos antes de la hora en que iniciaba la clase, que él con mucho gusto, y sin autorización del rector, dijo que podíamos tomar cada martes de la semana, durante unas ocho sesiones, para que lleváramos a cabo el taller de crónica que le habíamos propuesto con Angie, y que sin duda para él, por su acogida y amabilidad hacia nosotros, era del total agrado. Sin embargo, faltando cinco minutos para las tres y veinticinco de la tarde, la hora en que iniciaba la clase, apenas estábamos en la entrada del colegio esperando que el celador, un hombre bastante gordo, volviera de la coordinación con la orden de si podíamos entrar o no. 

Estuvimos unos diez minutos esperando que el celador volviera, y hay que decirlo, era una tortura estar ahí esperando, sintiendo ansiedad y miedo ante la idea de empezar un “taller de crónica” con más de cuarenta estudiantes, sin saber hacer una buena crónica nosotros mismos. Cuando ví otra vez la figura del celador en el pasillo, que volvía hacia nosotros casi sin que sus pies se movieran, a mí el pulso me empezó a ir más rápido y una voz me decía por dentro que saliera corriendo, mientras que otra me decía que no fuera cobarde y que tenía que ser responsable con lo que ya me había comprometido a hacer. Además, solo estábamos en la entrada del colegio: Andrea Abril y yo, porque el resto del grupo no nos podía acompañar. Laura tenía clase de dos a cuatro; Adrián estaba hospitalizado; y Angie, a quien Andrea había llamado unos minutos antes, estaba esperando un bus en el centro, con un grupo de muchachos también del Colegio Santander, y por esta razón se demoraba un poco.

Por fin, después de unos minutos que parecían eternos, el celador gordito estaba ante nosotros, y sin decir una sola palabra, metió una llave amarilla en el candado de la reja que nos separaba y nos abrió. Le dimos las gracias, con la misma ansiedad de antes, y caminamos a pasos largos y rápidos hacia la oficina del coordinador, que yo pensaba, podía estar molesto porque no habíamos llegado a la hora prevista ni siquiera el primer día del taller.

El coordinador, al verme aparecer ante su puerta, me miró por un breve instante como tratando de reconocerme, y después de esbozar una pequeña sonrisa, me preguntó que a qué hora habíamos quedado. Yo, que ahora sentía un peso menos encima, porque en el coordinador no había ni una pizca de enojo y si más bien una señal de olvido, le dije que habíamos quedado a las tres y veinticinco. Ya eran las tres y media, y aunque estaba ocupado hablando con una señora y un niño, se levantó de su silla para acompañarnos al salón donde teníamos intención de hacer, primero que todo, un diagnóstico. En el salón, cuando llegamos, solo estaba la profesora (una señora morena y churca, como de unos cincuenta años, quizás menos), y entonces el coordinador nos presentó mientras empezaba a contarle porque estábamos allí. La profesora escuchaba atenta, con una sonrisa en su rostro, y ante la pregunta del coordinador de que si nos podía ceder unas ocho horas para trabajar con sus estudiantes, ella contestó que sí, que cómo no, que perfecto, con mucho gusto nos daba el espacio para que empezáramos a trabajar.

Cuando empezaron a llegar los niños y niñas de octavo grado, que realmente no eran tan niños, nos miramos con Andrea y juzgamos que la angustia que habíamos sentido antes, en la entrada del colegio, era unas diez veces peor. Entraron poco a poco, en grupitos de cinco, de tres, de siete, de dos, etc., y la verdad, eran bastante ruidosos mientras buscaban donde sentarse. La profe nos dijo que saliéramos un momento; que iba a organizar a los estudiantes y a explicarles un poco cuales eran nuestras intenciones, y entonces salimos, sintiendo un alivio grande. 

Afuera del salón notamos que el ruido, que era bastante, había cambiado a un gran silencio. Estábamos bastante preocupados, y para distraernos nos pusimos a mirar una piscina que hay en el Colegio Santander, no tan pequeña, aunque vacía. Yo le dije a Andrea, con mis ojos clavados en la  piscina con nostalgia, que eso era lo que le faltaba a la UIS. Una buena piscina donde poder meterse y disfrutar de ese sol que hace en Bucaramanga, y que de tan duro, lo pone a uno como un tonto. En esas estábamos, cuando escuchamos la voz de la profesora que nos dijo que ya podíamos entrar. No obstante, apenas entramos y abrimos la boca para presentarnos, los estudiantes, que nos habían dicho eran cuarenta y dos, pero por sorpresa eran cuarenta y ocho, comenzaron a hablar y a gritar entre ellos, no sé si realmente porque no les interesaba mucho lo que nosotros podíamos decirles, o simplemente, porque así eran cada día.

Yo, que por mi forma de ser (es decir, por ser todavía un niño, por ser medio ñerito, etc.) creía que la experiencia iba a ser fácil y podríamos abordar lo que queríamos. Empecé a sentirme frustrado porque claramente no era así. Mientras hablaba, sabía que nadie estaba escuchando, y oír tantas risas y tantos gritos, así como ver los avioncitos de papel que iban y venían por el salón, acabaron con el optimismo que me quedaba. Me callé; ahora fue Andrea la que intentó hablar, con una voz más fuerte que la mía, y aunque los muchachos estuvieron más atentos por un minuto, empezaron a hablar y a gritar aún más fuerte que antes.

Frente a este paisaje, decidimos que era mejor empezar con las preguntas que queríamos hacerles, y a gritos les fuimos diciendo cuales eran. La primera pregunta era: ¿Les gusta escribir? La segunda: ¿Para qué escriben? La tercera: ¿Qué género literario les gusta más? Y la cuarta: ¿Qué saben de la crónica? Las preguntas las repetimos varias veces porque por el ruido y el desorden casi nadie escuchaba, y al fin, tuvimos que pedirle prestado a la profesora, con algo de pena, un marcador para escribir las preguntas en el tablero. Yo me di a la tarea de escribir las preguntas, y Andrea no sé qué hacía porque mis ojos estaban en el tablero. Cuando terminé de escribir las preguntas vi que Angie había llegado, y sinceramente, me sentí más tranquilo porque ella tiene más experiencia en estas cuestiones.

Angie tomó la palabra. Los estudiantes seguían con el mismo ruido y caos de antes, pero ante la mímica de Angie de salir corriendo del salón, todos se rieron y algunos se callaron porque el ruido bajó un poco. Entonces, con una voz más fuerte y segura que la mía, empezó a decir todo lo que yo no había sido capaz de decir. Me refiero a que la idea del taller, que queríamos llevar a cabo, consistía sobre todo en poder expresar todo eso que se vive y no se dice. Que la idea era expresarlo con la libertad que por lo general siempre nos reprimen en la escuela, el colegio y la universidad. Y para nuestra sorpresa, los estudiantes pararon oreja y pareció interesarles lo que se les proponía. Luego, fueron entregando uno a uno las respuestas de las preguntas que les habíamos hecho un poco antes.

Después de esto, y a pesar de que no todos habían entregado la hoja con las respuestas, que les pedimos no marcaran con su nombre para que se sintieran más relajados. Andrea se puso a leer una crónica del libro “Otros crímenes de amor” de Juan Carlos, un amigo de la UIS que ya se graduó. Todos hicieron mala cara cuando iba a empezar a leer, pero cuando en la primera frase escucharon la palabra “tombos”, alzaron la cabeza interesados y sonriendo.

La crónica que escogimos para leerles se titulaba “El centro”, y en esta las palabras claves eran “ñeros, cuchillos, robos, marihuana, tombos”, y otras. Todos siguieron la lectura atentos, haciendo de vez en cuando un pequeño comentario, y sinceramente, si uno juzga por sus caras, a la mayoría les gustó mucho la crónica.

Unos minutos después de terminar la lectura de la crónica, Andrea y yo les repartimos a cada estudiante una copia de otra crónica, esta vez de Héctor Abad Faciolince. La crónica, “Instrucciones para escribir una crónica”, para nuestro consuelo, al parecer también les gustó. Angie la leyó, y como antes con la otra lectura, estuvieron callados e interesados.

Al terminar Angie la lectura, les repetimos que la idea era que  expresaran su mundo cotidiano, lo que ellos vivían a diario ya fuera en su barrio, en el colegio, etc, y les pusimos un ejercicio. Les pedimos que escribieran una crónica sobre la cocina de su casa para el martes de la próxima semana, pero nos interrumpieron y nos hicieron saber que el viernes salían a vacaciones. Rápidamente nos reunimos con Angie y Andrea, y decidimos que escribieran la crónica sobre la cocina o sobre las vacaciones de mitad de año. 

Antes de despedirnos, Angie les preguntó que si les había gustado la clase con nosotros, y casi todos dijeron que si, que les había gustado mucho más que otras veces, cuando también habían ido otras personas a hacer ejercicios parecidos al que nosotros hicimos. Además de esto, Angie les dijo que dizque yo era escritor, cosa que negué al instante porque no es cierto, pero de todas formas, todo el grupo empezó a aplaudir no sé por qué (a lo mejor por burla), y nos despedimos de ellos entre aplausos. Afuera del salón estaba la profesora, esperando; le dimos las gracias, nos despedimos, y falto poco para que empezáramos a correr hacia la salida del colegio.

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Mirando las respuestas del grupo de octavo grado del Colegio Santander, que no todos entregaron porque solo hay veinticinco, uno puede sacar algunas conclusiones. La primera, que hay un grupo, bastante pequeño por cierto, al que realmente no le gusta escribir y cuando escribe simplemente lo hace porque le toca. La segunda, que a la mayoría de los que entregaron la hoja con las respuestas les gusta escribir un poco para poder expresar sus sentimientos y para aprender, como dicen ellos mismos. La tercera, que la mayoría no tiene claro cuáles son los géneros literarios, pero aun así, por sus respuestas de que les gusta lo fantástico y la ficción, uno diría que les gusta, más que todo, los cuentos. Y la cuarta, que solo uno o dos tiene una pequeña idea de lo que es una crónica. Además, ver que existen ciertos problemas con la ortografía, la puntuación y en ciertos casos, de coherencia.

Aún con esto, si bien va a ser difícil como deja ver las conclusiones anteriores, hay también algo que nos parece muy importante para emprender la enseñanza de cualquier cosa. Esto es el interés, que pudimos ver en los estudiantes de octavo cuando se llevaron a cabo las dos lecturas; y otra cosa, que con la crónica ellos van a trabajar con el material de lo que viven a diario, con su experiencia; con lo que sus ojos ven y con todo eso de lo que ellos están hechos.

Recursos:
* Autorización del Coordinador Edgar Becerra de la jornada de la tarde del Colegio de Santander.
*Autorización de la profesora de español, Flor, para intervenir en sus clases de “lectura y escritura”.
*Crónica “El centro” de Juan Carlos Gómez.
*Crónica de Héctor Abad Faciolince “Instrucciones para escribir una crónica”.
Bibliografía:
ABAD FACIOLINCE, Héctor. Instrucciones para escribir una crónica. En: El Espectador. Bogotá, 30 de noviembre de 2013. Disponible en la Internet en: http://www.elespectador.com/opinion/instrucciones-escribir-una-cronica-columna-461454
GÓMEZ, Juan Carlos. Otros crímenes de amor. Becas bicentenario: Bucaramanga, 2014.

Segunda Sesión:
VAMOS A VERNOS LAS CARAS
Tema: Diagnóstico II
Objetivos: Descubrir las habilidades para la escritura que tiene el grupo.
Indicadores:
Escribe acerca de sus sentimientos exponiendo ordenadamente sus ideas.
Actividades:
    A.    Se les propone a los estudiantes escribir sus impresiones acerca de la toma de la fotografía del carné, situación que están experimentando al mismo tiempo que la clase.

     






























     B.     Se les pregunta quiénes hicieron la crónica de vacaciones y sólo levantan la mano tres de ellos. Las hicieron pero no las trajeron. Los textos son muy buenos y los adjuntamos en la próxima sesión.

Evaluación:

Nuestras impresiones del diagnóstico II son:

* Reconocemos en la mayoría un fuerte deseo de expresarse y de aprender a escribir.
* Nos damos cuentan de que adolecen de una total falta de seguridad al momento de escribir que suponemos tiene que ver con la falta de práctica en la escritura.
* Tienen mucha dificultad para ordenar sus ideas.
* Los estudiantes no emplean bien los signos de puntuación. Hay falencias en el uso de todos ellos.
* No siguen un proceso de escritura consciente. Se lanzan a escribir sin planeación del tema de escritura y sin premeditación.
* Es una escritura oralizada. El texto que escriben tiene una fuerte carga de oralidad. Estrategias de la conversación se corresponden con la actividad retórica del que escribe: hay creaciones léxicas, intensificadores, onomatopeyas, interjecciones, silencios, etc.
*Los textos usan una “economía del lenguaje”,  acortando las palabras así haya espacio suficiente para escribir. Esto dificulta que todo el mundo entienda los textos, pero nosotros logramos descifrarlos y no nos parece tan incómodo. Ejemplo: “Porque” es reemplazado por “XQ”; “que” es cambiado por “Q”.
*Los estudiantes están además cambiando las letras al escribir: escriben “ll” en lugar de “ñ”, por ejemplo. Tienen errores de caligrafía.
*También tienen cuantiosos errores de ortografía.

Recursos: Toma de fotografías para el carné.
Bibliografía:
Carmen Herrera, María Manjavacas Ramírez y Yolanda Tejado. El lenguaje de los jóvenes. Resumen de las conclusiones del seminario "El español de los jóvenes". Disponible en la internet en: http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2008/septiembre/jovenes.html

Tercera Sesión:
DESCUBRIENDO AMÉRICA CON LA CRÓNICA CORTA
Tema: Repaso de conceptos
Objetivos: Proponer una definición de crónica corta para estimular la escritura.
Indicadores:
Escribe una crónica teniendo en cuenta las características básicas del género.
Actividades:

     A.     Entrega en guía y lectura de algunas de las características de la crónica corta.
     B.    LA guía incluye este ejemplo de crónica corta:

<<El 11 de octubre de 1492, después de la puesta del sol  la carabela llamada La Pinta iba avanzando unas 12 millas cada hora.

A las 10 de la noche del 11 de octubre el Almirante ya había visto en el horizonte algo que parecía fuego, pero era tan poca la visibilidad que apenas y se podía distinguir. Llamaron a Pedro Gutiérrez, de profesión repostero, para que diera su punto de vista sobre ésto, a lo que dijo que efectivamente parecía luz de una fogata.

En ese momento el Almirante Cristóbal Colón ordenó que se montara guardia ininterrumpida y durante el tiempo que fuese necesario hasta que se divisara tierra, prometiendo a quien fuera el primero en verla que le daría un jubón de seda, aparte de los otros regalos que los reyes habían prometido.

A las dos de la mañana del 12 de octubre la Pinta divisó tierra e informó de inmediato al Almirante; fue el marinero Rodrigo de Triana quien dio el tan esperado grito de ¡Tierra! ¡Tierra a la vista!, la cual estaba a escasas dos leguas de distancia.

En ese momento amainaron las velas e iniciaron el desembarco. Era viernes cuando desembarcaron en la isla que en el idioma de los nativos se llamaba Guanahani>>

     C.    Se lee la crónica “Curándome la maricada”, del poeta barranquillero John Better.
     D.    Se pone de tarea la escritura de una crónica de un día.
Evaluación:
Los estudiantes se muestran atentos a la lectura de las crónicas y se divierten.
Algunos entregan las crónicas que habían quedado como tarea en vacaciones.













Recursos: Crónica de John Better. Concepto de crónica corta.
Bibliografía:
BETTER, John. Curándome la maricada. Disponible en la internet en: http://www.soho.com.co/zona-cronica/articulo/curandome-la-maricada/25127
Concepto de crónica corta. Disponible en: http://www.ejemplode.com/41-literatura/2535-ejemplo_de_cronica_corta.html
                                                                                                                            

Cuarta Sesión:
LECTURA DE CRÓNICAS

Tema: Profundización en las formas de la crónica
Objetivos: Estimular la escritura en los estudiantes a través de la lectura. 
Indicadores:
Se interesa en la lectura.
Actividades:
      A.    Se lee “El hombre de los brazos largos”, crónica de Álvaro Cepeda Samudio.

<< EL HOMBRE DE LOS BRAZOS LARGOS

1. Este hombre había nacido con los brazos demasiados largos. Le bajaban de los hombros dos interminables racimos de venas y de músculos hasta las mismas rodillas. Eran un par de brazos que daban la impresión de que su dueño podría alcanzar con ellos todo lo que se propusiera.
Y esta impresión perduraba en el ánimo de todos cuando lo conocían. “Él puede llegar a donde quiera”, decían todos. Porque no otra cosa puede decirse de quien posee un par de brazos tan largos, que convenzan a todo el mundo de que con esos brazos cualquier cosa se puede alcanzar.

2. Desde cuando estaba en el colegio, con su par de brazos sobresaliendo de su pupitre, su largura le ganó fama de inteligente, ya que los maestros decían que un muchacho con los brazos tan largos tenía que ser largo también de entendimiento. Y se distinguió como colegial pues a él se le daban todas las oportunidades y los trabajos de mayor responsabilidad porque sus brazos largos eran la mejor garantía.

3. Y Cuando salió del colegio ya había aprendido a balancear como un par de remos descomunales los brazos a los lados del cuerpo delgado y angosto. Caminaba lentamente, hincando en el aire sus brazos, tal como si se moviera en razón de ellos, como si fueran los brazos extremadamente largos los que le servían para caminar , haciendo caso omiso de sus piernas.

4. Para esta época las gentes se estaban a la expectativa para ver cómo lograba fácilmente con sus brazos larguísimos lo que para los otros hombres se presentaba imposible. Pero se quedaron sin saberlo pues el hombre de los brazos largos no supo qué hacer en el pueblo y se fue a la ciudad. Y cuando lo vieron salir con la pequeña maleta colgando al final de sus brazos , el cuerpo levemente inclinado hacia el lado opuesto, de tal manera que parecía que el otro brazo iba arrastrándose por la carretera, en todos quedó la impresión de que allá en la ciudad sí conseguiría todo cuanto se propusiera pues cuando se tienen un par de brazos tan largos la vida es fácil.

5. Pero en la ciudad tampoco hizo nada. Las gentes miraban con asombro cómo se movían en el aire sus dos largos brazos, exactamente como un par de remos descomunales, y pensaban lo mismo que los vecinos del pueblo: con ese par de brazos se puede alcanzar todo lo que uno quiera.  Sin embargo, él paseó sus largos brazos por toda la ciudad buscando qué hacer, y no encontró nada. Hasta que un día, después de mucho tiempo de buscar inútilmente una significación para su vida, lo encontraron colgando del techo de su cuartucho miserable. Se había ahorcado con una sábana arrollada y mugrienta. Y sus brazos flotaban en el aire, igual que dos remos descomunales perdidos en el aire, igual que dos remos descomunales perdidos en el océano.

6. Y las gentes no se lo explicaban. Pero la razón por la que no pudo alcanzar nada con un par de brazos tan largos era que él no sabía que sus brazos fueran más largos que los de la gente que pasaba a su lado. Cuando lo descubrió era muy tarde, y lo descubrió al notar que no necesitó subirse en una silla para anudar la sábana arrollada a una viga: con sólo estirar los brazos alcanzó el techo. Pero esto sucedió demasiado tarde.

Álvaro Cepeda Samudio
El Nacional, Junio de 1948>>


      B.     Se lee en voz alta El primer baile (1937), crónica de Emilia Pardo Umaña.

<<EL PRIMER BAILE
Por Emilia Pardo Umaña

    Era algo terrible que iba a trazar un definitivo cerco entre la vida pasada y la futura, cerco de ilusiones floridas o de tremendos desengaños, ese primer baile. La niña agradecida con la invitación empezaba a decaer y palidecer a ojos vistas, desde quince días antes de la fiesta. La angustia es como un flotador; sube y baja por el tubo digestivo, causando daños en el organismo entero y tapando definitivamente la garganta cada vez que algún alimento se pone ante la vista. Impide dormir, soñar, decir tonterías o escuchar las que dicen los demás.  Ningún páramo puede competir con el terrible frío que nos convierte en una nevera interior y nos hace estremecer sin saber por qué, con los ojos espantados como cuando los fantasmas hacen su aparición, o se limitan cortésmente a "amargar.

      Creía yo que, todo esto había pasado; hoy, con un ambiente de mejor camaradería, teniendo muchos amigos, consideraba al primer baile como una fiestecita más en grande, sin complicaciones ni temores. Y pensaba en aquellas de mis contemporáneas, lindas, admirables como dibujos del "Vogue", que lloraron silenciosamente antes de ir a decorar por primera vez los salones con una sonrisa forzada que parecería detenida en un gesto único, el cual, no obstante su mudez, tenía algo de aullido temeroso y algo de lamento. No parecía sino que marcharan al suplicio vestidas de seda y coronadas de rosas como de antiguos tiempos.

       Pero ayer, una niña linda, me preguntó cómo debía uno portarse en el primer baile, qué debía hacer para tener éxito, y cómo era la gente de sociedad. Todo esto en un tono que me ha inspirado graves sospechas de que la tragedia aún no ha abandonado el mundo. Y como en el caso de esa niña, pueden estar muchas, creo conveniente dar algunas reglas generales para información seria de las que las necesiten, y risa burlona de aquellas que estén ya más allá  de este peligroso primer paso. Advierte que aunque no den su plena utilidad sino para el primer baile, conviene no olvidarlas en general.

 1. No se deje vestir por sus tías. Tienen siempre un gusto espantoso, y una afición a los lazos de cinta que termina  con cualquier toilette.

2. No espere conseguir un novio. Estos se encuentren en los "piches" de las procesiones, en los campos de fútbol o tennis, en las casas de las amigas (donde son novios de ellas), al salir de la casa, al entrar a la iglesia, etc. Pero en una baile jamás.

3. No olvide que la pechera dura hace a la gente terriblemente mentirosa. De ahí la tradicional hipocresía de los ingleses, que usan mucho frac.

4.  No crea que estás bailando con una joven de porvenir. Los jóvenes de porvenir nunca van a los bailes, porque no los invitan.

5. Avalúe la edad de su parejo al comenzar cada pieza, saque la mitad y el resultado indicara el número de los whiskys que puede resistir. Así, si tiene 20 años, no se puede bailar con él, cuando lleve más de diez whiskys, etc.

6. No baile con hombres casados. Eso se llama "pavo parado".

7. Pero si baila con un casado, no le crea cuando le diga que está arrepentido de haberla conocido "tarde". Esa frase  --- de reconocido sabor centenarista --- nunca ha sido verdad en los siglos que lleve el mundo dando  bailes.

8.  Acepte para el día siguiente cuantas invitaciones le hagan a vespertina sus parejos. Y al día siguiente váyase por su cuenta. Ninguno cumplirá.

 9. No del número de su teléfono; conteste que está en la lista. 

10. Cuando su parejo diga que se va a fumar un cigarrillo, nunca lo acompañe. Déjelo ir solo.

11. Cuando un joven de correcta presencia le diga: "Yo no estoy borracho", no baile ni un momento más con él porque está alzadísimo y se le puede caer en medio de salón.

12. Huya de los hombres que tienen manos patinadoras...  

13. No baile con sus hermanos. Para eso está el dueño de la casa.

14. No hable de nada y ríase de todo.

15.  Pero si habla no cite autores; muchos bailes se necesitan para poder nombrar a Silva.

16. No deje que su mamá o sus tías le arreglen esas tres cintas que ningún broche ha podido  sujetar jamás y que se van sobre sus hombros. Usted tampoco se las esté poniendo a cada momento nerviosamente en su sitio.

17.  Tenga cuidado con el Champagne. No embrutece, pero emborracha.

18.  No lo pondere el bailado a su parejo porque puede que le cuente dónde aprendió.

19. No cuente historietas divertidas que acaba de saber. Todos los del baile las saben desde su primera infancia.

20. No crea en ninguna declaración de amor. Todos los hombres adoran a todas las mujeres --- ¡menos a la suya claro! --- después del cuarto trago, y a veces desde antes.

21. No acepte que la lleve a su casa un joven que maneja su automóvil. Los accidentes de tránsito a la salida de los bailes se dan silvestres.

22. Convénzase de una vez, finalmente, que un baile no tiene sino dos etapas agradables. Recibir la invitación y quitarse los zapatos.                                                              

Agosto 13 de 1937>>
Evaluación:
Los estudiantes se muestran interesados si tienen la oportunidad de seguir la lectura en voz alta, con la crónica impresa.
Recursos: Crónica de Álvaro Cepeda Samudio y de Emilia Pardo Umaña.
Bibliografía:
CEPEDA SAMUDIO, Álvaro. El hombre de los brazos largos. En: VALLEJO MEJÍA, Mariluz. La crónica en Colombia: medio siglo de oro. Biblioteca Familiar Colombiana: Bogotá, 2004.
PARDO UMAÑA, Emilia. El primer baile. En: Los desvelados. Disponible en la internet en: http://losdesveladosliterarios.blogspot.com/p/mio.html


Quinta Sesión
EL FUTBOL TAMBIÉN SE JUEGA CON LA MANO: ESCRIBIENDO.
Tema: ¿Sobre qué escribimos?
Objetivos: Estimular la escritura en los estudiantes a través de un tema que los apasione. 
Indicadores:
Se interesa en la lectura y la escritura de un tema que le apasione. 
Actividades:
      A.    Se leen las crónicas de futbol de Eduardo Galeano, Un hincha y Garrincha. …
      B.     Se invita a la escritura de crónicas sobre fútbol.

Evaluación:
Gracias a la acertada selección del tema que llama la atención de todos, se apreció mayor interés en la escritura entre los estudiantes. Se adjuntan los  ejercicios:























Recursos: Crónicas de Eduardo Galeano.
Bibliografía:
GALEANO, Eduardo. El futbol a sol y sombra. Ediciones P/L@. Disponible en la internet en: http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Galeano_Eduardo-El_futbol_a_sol_y_sombra.pdf



Sexta Sesión
LA COCINA DE LA ESCRITURA
Tema: Paso a paso de la escritura
Objetivos: Intentar que el estudiante se familiarice con la escritura y sus dificultades y trate de superarlas.
Indicadores:
Conoce y sigue los pasos de la escritura como acontecimiento creativo
Actividades:
     A.     Se expone el proceso de la escritura como el de cocinar un rico plato, siguiendo la metáfora utilizada por Daniel Cassany en su libro “La cocina de la escritura”. Se adjunta guía de trabajo preparada por el grupo para la sesión.
      B.    Se invita a seguir los pasos para escribir una crónica:
*Primero: Escribir sobre qué se va a tratar tu crónica. Ejemplo: “con este escrito contaré un día de colegio… “
      *Segundo: Cuente cómo empieza y cómo se prepara usted para ir al colegio.
     *Tercero: Cuente sus impresiones sobre el colegio: cómo le parecen los salones, las canchas, la oficina de profesores, los árboles, los patios, etc.
     *Cuarto: Ahora, cuente cómo le parecen las personas: los compañeros, los profesores, etc.
     *Quinto: Ahora, cuente algo importante que le haya pasado ese  día.
     *Sexto: por último, finalice diciendo cómo se acaba el día en el colegio y cómo se va a su casa usted y sus amigos…
La guía:



Evaluación:
Los estudiantes escribieron sus crónicas, siguiendo la receta y lo hicieron con entusiasmo y propiedad. Muchos de los que antes no habían escrito, esta vez lo hicieron.




















Recursos: Guía didáctica.
Bibliografía:
LA ESCRITURA EN LA ESCUELA: UNA MIRADA DESDE LA COTIDIANIDAD. Disponible en la Internet en:

CONCLUSIONES
* Es indispensable que los temas que se elijan para la lectura y la escritura sean de interés de los estudiantes.

* La crónica es el género literario ideal para iniciar un proceso de escritura entre la gente que no ha tenido la oportunidad de expresarse libremente por escrito.

* Enunciar y dejar bien claro al auditorio que puede emplear completa libertad en la escritura de sus textos es un incentivo infalible para escribir. No todos sabemos que somos libres y cuando se nos proporciona esta oportunidad, algunos la saben aprovechar.

* Siempre es posible persuadir a una persona para que escriba así se trate del menos interesado. Todo radica en el método que se emplee.

* Luego de captar el interés del auditorio para escribir, se puede emplear correctamente el uso de diferentes gramáticas para mejorar la puntuación y la ortografía.

* Una estrategia para incentivar el gusto por la lectura es realizando una publicación de los trabajos realizados por el auditorio. Siempre y cuando se realicen las correcciones pertinentes de cada trabajo.

* Una de las dificultades primordiales es la disposición total del auditorio, especialmente cuando se dispone de un auditorio de cincuenta (50) individuos. Por lo tanto, hay que ser didácticos y recursivos utilizando todos los resultados obtenidos.