SECUENCIA DIDÁCTICA:
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Primera Sesión:
RECONOCIENDO EL TERRENO
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Tema: Diagnóstico I
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Objetivo: Reconocer el grupo, presentando la crónica como el género
literario que se trabajará en estas sesiones de lectura y escritura
creativas.
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Indicadores:
Aporta sus apreciaciones con respecto a la escritura.
Da su concepto de género literario y de crónica.
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Actividades:
A.
Saludo y presentación
del equipo de profesores.
B.
Formulación de
preguntas acerca de la escritura y la crónica (Ver Anexo 1):
1.
¿Le gusta escribir?
2.
¿Para qué escribe?
3.
¿Qué género literario
les gusta más?
4.
¿Qué saben de la
crónica?
C.
Exposición de los
motivos del taller que se presentó como un espacio para la libertad de
expresión.
D.
Lectura de la crónica
“El centro” de Juan Carlos Gómez.
E. Lectura comentada de
la crónica de Héctor Abad Faciolince “Instrucciones para escribir una
crónica”, que los estudiantes recibieron impresa.
F. Enunciación de la
tarea para vacaciones: Escribir una crónica sobre un hecho destacado de las
vacaciones.
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Evaluación:
1. Antes de terminar la
sesión, se les pidió a los estudiantes que manifestaran sus impresiones con
respecto al taller y si querían que volviéramos a su clase de Español.
Algunas de sus respuestas
fueron:
*Silencio y sonrisas.
Miradas unos a otros…
*Alguien adelante dijo
que estaba bien que viniéramos porque les dimos libertad para expresarse.
*Otro manifestó que la
lectura estuvo buena.
* Hubo quien dijo que les
había gustado mucho más que otras veces, cuando también habían ido otras personas
a hacer ejercicios parecidos al que nosotros hicimos.
2. Lectura del
diagnóstico:
Mirando las respuestas
del grupo de octavo grado del Colegio Santander, que no todos entregaron
porque solo hay veinticinco, uno puede sacar algunas conclusiones. La
primera, que hay un grupo, bastante pequeño, por cierto, al que realmente no
le gusta escribir y cuando escribe simplemente lo hace porque le toca. La
segunda, que a la mayoría de los que entregaron la hoja con las respuestas
les gusta escribir un poco para poder expresar sus sentimientos y para
aprender, como dicen ellos mismos. La tercera, que la mayoría no tiene claro
cuáles son los géneros literarios, pero aun así, por sus respuestas de que
les gusta lo fantástico y la ficción, uno diría que les gusta, más que todo,
los cuentos. Y la cuarta, que solo uno o dos tiene una pequeña idea de lo que
es una crónica. Además, ver que existen ciertos problemas con la ortografía,
la puntuación y en ciertos casos, de coherencia.
Aún con esto, si bien, va
a ser difícil el trabajo con los muchachos como deja ver las conclusiones
anteriores, hay también algo que nos parece muy importante para emprender la
enseñanza de cualquier cosa. Esto es el interés, que pudimos ver en los
estudiantes de octavo cuando se llevaron a cabo las dos lecturas; y otra
cosa, que con la crónica ellos van a trabajar con el material de lo que viven
a diario, con su experiencia; con lo que sus ojos ven y con todo eso de lo
que ellos están hechos.
CRÓNICA - DIAGNÓSTICO
1
Con
el coordinador del Colegio Santander, que la verdad no sé cómo se llama,
habíamos quedado de encontrarnos quince o diez minutos antes de la hora en que
iniciaba la clase, que él con mucho gusto, y sin autorización del rector, dijo
que podíamos tomar cada martes de la semana, durante unas ocho sesiones, para
que lleváramos a cabo el taller de crónica que le habíamos propuesto con Angie,
y que sin duda para él, por su acogida y amabilidad hacia nosotros, era del
total agrado. Sin embargo, faltando cinco minutos para las tres y veinticinco de la tarde,
la hora en que iniciaba la clase, apenas estábamos en la entrada del colegio
esperando que el celador, un hombre bastante gordo, volviera de la coordinación
con la orden de si podíamos entrar o no.
Estuvimos
unos diez minutos esperando que el celador volviera, y hay que decirlo, era una
tortura estar ahí esperando, sintiendo ansiedad y miedo ante la idea de empezar
un “taller de crónica” con más de cuarenta estudiantes, sin saber hacer una
buena crónica nosotros mismos. Cuando ví otra vez la figura del celador en el
pasillo, que volvía hacia nosotros casi sin que sus pies se movieran, a mí el
pulso me empezó a ir más rápido y una voz me decía por dentro que saliera
corriendo, mientras que otra me decía que no fuera cobarde y que tenía que ser
responsable con lo que ya me había comprometido a hacer. Además, solo estábamos
en la entrada del colegio: Andrea Abril y yo, porque el resto del grupo no nos
podía acompañar. Laura tenía clase de dos a cuatro; Adrián estaba
hospitalizado; y Angie, a quien Andrea había llamado unos minutos antes, estaba
esperando un bus en el centro, con un grupo de muchachos también del Colegio
Santander, y por esta razón se demoraba un poco.
Por
fin, después de unos minutos que parecían eternos, el celador gordito estaba
ante nosotros, y sin decir una sola palabra, metió una llave amarilla en el
candado de la reja que nos separaba y nos abrió. Le dimos las gracias, con la
misma ansiedad de antes, y caminamos a pasos largos y rápidos hacia la oficina
del coordinador, que yo pensaba, podía estar molesto porque no habíamos llegado
a la hora prevista ni siquiera el primer día del taller.
El
coordinador, al verme aparecer ante su puerta, me miró por un breve instante
como tratando de reconocerme, y después de esbozar una pequeña sonrisa, me
preguntó que a qué hora habíamos quedado. Yo, que ahora sentía un peso menos
encima, porque en el coordinador no había ni una pizca de enojo y si más bien
una señal de olvido, le dije que habíamos quedado a las tres y veinticinco. Ya
eran las tres y media, y aunque estaba ocupado hablando con una señora y un
niño, se levantó de su silla para acompañarnos al salón donde teníamos
intención de hacer, primero que todo, un diagnóstico. En el salón, cuando llegamos,
solo estaba la profesora (una señora morena y churca, como de unos cincuenta
años, quizás menos), y entonces el coordinador nos presentó mientras empezaba a
contarle porque estábamos allí. La profesora escuchaba atenta, con una sonrisa
en su rostro, y ante la pregunta del coordinador de que si nos podía ceder unas
ocho horas para trabajar con sus estudiantes, ella contestó que sí, que cómo
no, que perfecto, con mucho gusto nos daba el espacio para que empezáramos
a trabajar.
Cuando
empezaron a llegar los niños y niñas de octavo grado, que realmente no eran tan
niños, nos miramos con Andrea y juzgamos que la angustia que habíamos sentido
antes, en la entrada del colegio, era unas diez veces peor. Entraron poco a
poco, en grupitos de cinco, de tres, de siete, de dos, etc., y la verdad, eran
bastante ruidosos mientras buscaban donde sentarse. La profe nos dijo que
saliéramos un momento; que iba a organizar a los estudiantes y a explicarles un
poco cuales eran nuestras intenciones, y entonces salimos, sintiendo un alivio
grande.
Afuera
del salón notamos que el ruido, que era bastante, había cambiado a un gran
silencio. Estábamos bastante preocupados, y para distraernos nos pusimos a
mirar una piscina que hay en el Colegio Santander, no tan pequeña, aunque
vacía. Yo le dije a Andrea, con mis ojos clavados en la piscina con nostalgia, que eso era lo que le
faltaba a la UIS. Una buena piscina donde poder meterse y disfrutar de ese sol
que hace en Bucaramanga, y que de tan duro, lo pone a uno como un tonto. En
esas estábamos, cuando escuchamos la voz de la profesora que nos dijo que ya
podíamos entrar. No obstante, apenas entramos y abrimos la boca para
presentarnos, los estudiantes, que nos habían dicho eran cuarenta y dos, pero por sorpresa
eran cuarenta y ocho, comenzaron a hablar y a gritar entre ellos, no sé si
realmente porque no les interesaba mucho lo que nosotros podíamos decirles, o
simplemente, porque así eran cada día.
Yo,
que por mi forma de ser (es decir, por ser todavía un niño, por ser medio
ñerito, etc.) creía que la experiencia iba a ser fácil y podríamos abordar lo que queríamos. Empecé a sentirme
frustrado porque claramente no era así. Mientras hablaba, sabía que nadie
estaba escuchando, y oír tantas risas y tantos gritos, así como ver los
avioncitos de papel que iban y venían por el salón, acabaron con el optimismo
que me quedaba. Me callé; ahora fue Andrea la que intentó hablar, con una voz
más fuerte que la mía, y aunque los muchachos estuvieron más atentos por un
minuto, empezaron a hablar y a gritar aún más fuerte que antes.
Frente
a este paisaje, decidimos que era mejor empezar con las preguntas que queríamos
hacerles, y a gritos les fuimos diciendo cuales eran. La primera pregunta era:
¿Les gusta escribir? La segunda: ¿Para qué escriben? La tercera: ¿Qué género
literario les gusta más? Y la cuarta: ¿Qué saben de la crónica? Las preguntas
las repetimos varias veces porque por el ruido y el desorden casi nadie
escuchaba, y al fin, tuvimos que pedirle prestado a la profesora, con algo de
pena, un marcador para escribir las preguntas en el tablero. Yo me di a la
tarea de escribir las preguntas, y Andrea no sé qué hacía porque mis ojos
estaban en el tablero. Cuando terminé de escribir las preguntas vi que Angie
había llegado, y sinceramente, me sentí más tranquilo porque ella tiene más
experiencia en estas cuestiones.
Angie
tomó la palabra. Los estudiantes seguían con el mismo ruido y caos de antes,
pero ante la mímica de Angie de salir corriendo del salón, todos se rieron y
algunos se callaron porque el ruido bajó un poco. Entonces, con una voz más
fuerte y segura que la mía, empezó a decir todo lo que yo no había sido capaz
de decir. Me refiero a que la idea del taller, que queríamos llevar a cabo,
consistía sobre todo en poder expresar todo eso que se vive y no se dice. Que
la idea era expresarlo con la libertad que por lo general siempre nos reprimen
en la escuela, el colegio y la universidad. Y para nuestra sorpresa, los
estudiantes pararon oreja y pareció interesarles lo que se les proponía. Luego,
fueron entregando uno a uno las respuestas de las preguntas que les habíamos
hecho un poco antes.
Después
de esto, y a pesar de que no todos habían entregado la hoja con las respuestas,
que les pedimos no marcaran con su nombre para que se sintieran más relajados.
Andrea se puso a leer una crónica del libro “Otros crímenes de amor” de Juan
Carlos, un amigo de la UIS que ya se graduó. Todos hicieron mala cara cuando
iba a empezar a leer, pero cuando en la primera frase escucharon la palabra
“tombos”, alzaron la cabeza interesados y sonriendo.
La
crónica que escogimos para leerles se titulaba “El centro”, y en esta las
palabras claves eran “ñeros, cuchillos, robos, marihuana, tombos”, y otras.
Todos siguieron la lectura atentos, haciendo de vez en cuando un pequeño
comentario, y sinceramente, si uno juzga por sus caras, a la mayoría les gustó
mucho la crónica.
Unos
minutos después de terminar la lectura de la crónica, Andrea y yo les
repartimos a cada estudiante una copia de otra crónica, esta vez de Héctor Abad
Faciolince. La crónica, “Instrucciones para escribir una crónica”, para nuestro
consuelo, al parecer también les gustó. Angie la leyó, y como antes con la otra
lectura, estuvieron callados e interesados.
Al
terminar Angie la lectura, les repetimos que la idea era que expresaran su mundo cotidiano, lo que ellos
vivían a diario ya fuera en su barrio, en el colegio, etc, y les pusimos un
ejercicio. Les pedimos que escribieran una crónica sobre la cocina de su casa
para el martes de la próxima semana, pero nos interrumpieron y nos hicieron
saber que el viernes salían a vacaciones. Rápidamente nos reunimos con Angie y
Andrea, y decidimos que escribieran la crónica sobre la cocina o sobre las
vacaciones de mitad de año.
Antes
de despedirnos, Angie les preguntó que si les había gustado la clase con
nosotros, y casi todos dijeron que si, que les había gustado mucho más que
otras veces, cuando también habían ido otras personas a hacer ejercicios
parecidos al que nosotros hicimos. Además de esto, Angie les dijo que dizque yo
era escritor, cosa que negué al instante porque no es cierto, pero de todas
formas, todo el grupo empezó a aplaudir no sé por qué (a lo mejor por burla), y
nos despedimos de ellos entre aplausos. Afuera del salón estaba la profesora,
esperando; le dimos las gracias, nos despedimos, y falto poco para que
empezáramos a correr hacia la salida del colegio.
2
Mirando
las
respuestas del grupo de octavo grado del Colegio Santander, que no
todos entregaron porque solo hay veinticinco, uno puede sacar algunas
conclusiones. La primera, que hay un grupo, bastante pequeño por cierto,
al que
realmente no le gusta escribir y cuando escribe simplemente lo hace
porque le
toca. La segunda, que a la mayoría de los que entregaron la hoja con las
respuestas les gusta escribir un poco para poder expresar sus
sentimientos y
para aprender, como dicen ellos mismos. La tercera, que la mayoría no
tiene
claro cuáles son los géneros literarios, pero aun así, por sus
respuestas de
que les gusta lo fantástico y la ficción, uno diría que les gusta, más
que
todo, los cuentos. Y la cuarta, que solo uno o dos tiene una pequeña
idea de lo
que es una crónica. Además, ver que existen ciertos problemas con la
ortografía, la puntuación y en ciertos casos, de coherencia.
Aún
con esto, si bien va a ser difícil como deja ver las conclusiones anteriores,
hay también algo que nos parece muy importante para emprender la enseñanza de
cualquier cosa. Esto es el interés, que pudimos ver en los estudiantes de
octavo cuando se llevaron a cabo las dos lecturas; y otra cosa, que con la
crónica ellos van a trabajar con el material de lo que viven a diario, con su
experiencia; con lo que sus ojos ven y con todo eso de lo que ellos están
hechos.
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Recursos:
* Autorización del
Coordinador Edgar Becerra de la jornada de la tarde del Colegio de Santander.
*Autorización de la
profesora de español, Flor, para intervenir en sus clases de “lectura y
escritura”.
*Crónica “El centro” de
Juan Carlos Gómez.
*Crónica de Héctor Abad
Faciolince “Instrucciones para escribir una crónica”.
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Bibliografía:
ABAD FACIOLINCE, Héctor. Instrucciones para escribir una crónica. En: El
Espectador. Bogotá, 30 de noviembre de 2013. Disponible en la Internet en: http://www.elespectador.com/opinion/instrucciones-escribir-una-cronica-columna-461454
GÓMEZ, Juan Carlos. Otros crímenes de amor. Becas bicentenario: Bucaramanga,
2014.
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Segunda Sesión:
VAMOS A VERNOS LAS CARAS
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Tema: Diagnóstico II
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Objetivos: Descubrir las habilidades para la escritura que tiene el
grupo.
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Indicadores:
Escribe acerca de sus sentimientos exponiendo ordenadamente sus ideas.
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Actividades:
A.
Se les propone a los
estudiantes escribir sus impresiones acerca de la toma de la fotografía del
carné, situación que están experimentando al mismo tiempo que la clase.
B.
Se les pregunta
quiénes hicieron la crónica de vacaciones y sólo levantan la mano tres de
ellos. Las hicieron pero no las trajeron. Los textos son muy buenos y los
adjuntamos en la próxima sesión.
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Evaluación:
Nuestras impresiones del diagnóstico II son:
* Reconocemos en la
mayoría un fuerte deseo de expresarse y de aprender a escribir.
* Nos damos cuentan de
que adolecen de una total falta de seguridad al momento de escribir que
suponemos tiene que ver con la falta de práctica en la escritura.
* Tienen mucha dificultad
para ordenar sus ideas.
* Los estudiantes no emplean
bien los signos de puntuación. Hay falencias en el uso de todos ellos.
* No siguen un proceso de
escritura consciente. Se lanzan a escribir sin planeación del tema de
escritura y sin premeditación.
* Es una escritura
oralizada. El texto que escriben tiene una fuerte carga de oralidad.
Estrategias de la conversación se corresponden con la actividad retórica del
que escribe: hay creaciones léxicas, intensificadores, onomatopeyas,
interjecciones, silencios, etc.
*Los textos usan una
“economía del lenguaje”, acortando las
palabras así haya espacio suficiente para escribir. Esto dificulta que todo
el mundo entienda los textos, pero nosotros logramos descifrarlos y no nos
parece tan incómodo. Ejemplo: “Porque” es reemplazado por “XQ”; “que” es
cambiado por “Q”.
*Los estudiantes están
además cambiando las letras al escribir: escriben “ll” en lugar de “ñ”, por
ejemplo. Tienen errores de caligrafía.
*También tienen
cuantiosos errores de ortografía.
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Recursos: Toma de fotografías para
el carné.
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Bibliografía:
Carmen Herrera, María Manjavacas Ramírez y Yolanda Tejado. El lenguaje de los jóvenes. Resumen de
las conclusiones del seminario "El español de los jóvenes".
Disponible en la internet en: http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2008/septiembre/jovenes.html
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Tercera Sesión:
DESCUBRIENDO AMÉRICA CON LA
CRÓNICA CORTA
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Tema: Repaso de conceptos
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Objetivos: Proponer una
definición de crónica corta para estimular la escritura.
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Indicadores:
Escribe una crónica teniendo en cuenta las
características básicas del género.
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Actividades:
A.
Entrega en guía y lectura de algunas de las características
de la crónica corta.
B. LA guía incluye
este ejemplo de crónica corta:
<<El 11 de octubre de 1492, después
de la puesta del sol la carabela
llamada La Pinta iba avanzando unas 12 millas cada hora.
A las 10 de la noche del 11 de octubre el
Almirante ya había visto en el horizonte algo que parecía fuego, pero era tan
poca la visibilidad que apenas y se podía distinguir. Llamaron a Pedro
Gutiérrez, de profesión repostero, para que diera su punto de vista sobre
ésto, a lo que dijo que efectivamente parecía luz de una fogata.
En ese momento el Almirante Cristóbal
Colón ordenó que se montara guardia ininterrumpida y durante el tiempo que
fuese necesario hasta que se divisara tierra, prometiendo a quien fuera el
primero en verla que le daría un jubón de seda, aparte de los otros regalos
que los reyes habían prometido.
A las dos de la mañana del 12 de octubre
la Pinta divisó tierra e informó de inmediato al Almirante; fue el marinero
Rodrigo de Triana quien dio el tan esperado grito de ¡Tierra! ¡Tierra a la
vista!, la cual estaba a escasas dos leguas de distancia.
En ese momento amainaron las velas e
iniciaron el desembarco. Era viernes cuando desembarcaron en la isla que en
el idioma de los nativos se llamaba Guanahani>>
C. Se lee la crónica
“Curándome la maricada”, del poeta barranquillero John Better.
D. Se pone de tarea
la escritura de una crónica de un día.
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Evaluación:
Los
estudiantes se muestran atentos a la lectura de las crónicas y se divierten.
Algunos
entregan las crónicas que habían quedado como tarea en vacaciones.
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Recursos: Crónica de John Better.
Concepto de crónica corta.
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Bibliografía:
BETTER, John. Curándome la maricada. Disponible en la
internet en: http://www.soho.com.co/zona-cronica/articulo/curandome-la-maricada/25127
Concepto de crónica corta. Disponible en: http://www.ejemplode.com/41-literatura/2535-ejemplo_de_cronica_corta.html
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Cuarta Sesión:
LECTURA DE CRÓNICAS
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Tema: Profundización
en las formas de la crónica
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Objetivos: Estimular la escritura en los estudiantes a través de la
lectura.
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Indicadores:
Se interesa en la lectura.
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Actividades:
A.
Se lee “El hombre de
los brazos largos”, crónica de Álvaro Cepeda Samudio.
<< EL HOMBRE DE
LOS BRAZOS LARGOS
1. Este hombre había
nacido con los brazos demasiados largos. Le bajaban de los hombros dos
interminables racimos de venas y de músculos hasta las mismas rodillas. Eran
un par de brazos que daban la impresión de que su dueño podría alcanzar con
ellos todo lo que se propusiera.
Y esta impresión
perduraba en el ánimo de todos cuando lo conocían. “Él puede llegar a donde
quiera”, decían todos. Porque no otra cosa puede decirse de quien posee un
par de brazos tan largos, que convenzan a todo el mundo de que con esos
brazos cualquier cosa se puede alcanzar.
2. Desde cuando estaba
en el colegio, con su par de brazos sobresaliendo de su pupitre, su largura
le ganó fama de inteligente, ya que los maestros decían que un muchacho con
los brazos tan largos tenía que ser largo también de entendimiento. Y se
distinguió como colegial pues a él se le daban todas las oportunidades y los
trabajos de mayor responsabilidad porque sus brazos largos eran la mejor
garantía.
3. Y Cuando salió del
colegio ya había aprendido a balancear como un par de remos descomunales los
brazos a los lados del cuerpo delgado y angosto. Caminaba lentamente,
hincando en el aire sus brazos, tal como si se moviera en razón de ellos,
como si fueran los brazos extremadamente largos los que le servían para
caminar , haciendo caso omiso de sus piernas.
4. Para esta época las
gentes se estaban a la expectativa para ver cómo lograba fácilmente con sus
brazos larguísimos lo que para los otros hombres se presentaba imposible.
Pero se quedaron sin saberlo pues el hombre de los brazos largos no supo qué
hacer en el pueblo y se fue a la ciudad. Y cuando lo vieron salir con la
pequeña maleta colgando al final de sus brazos , el cuerpo levemente
inclinado hacia el lado opuesto, de tal manera que parecía que el otro brazo
iba arrastrándose por la carretera, en todos quedó la impresión de que allá en
la ciudad sí conseguiría todo cuanto se propusiera pues cuando se tienen un
par de brazos tan largos la vida es fácil.
5. Pero en la ciudad
tampoco hizo nada. Las gentes miraban con asombro cómo se movían en el aire
sus dos largos brazos, exactamente como un par de remos descomunales, y
pensaban lo mismo que los vecinos del pueblo: con ese par de brazos se puede
alcanzar todo lo que uno quiera. Sin
embargo, él paseó sus largos brazos por toda la ciudad buscando qué hacer, y
no encontró nada. Hasta que un día, después de mucho tiempo de buscar
inútilmente una significación para su vida, lo encontraron colgando del techo
de su cuartucho miserable. Se había ahorcado con una sábana arrollada y
mugrienta. Y sus brazos flotaban en el aire, igual que dos remos descomunales
perdidos en el aire, igual que dos remos descomunales perdidos en el océano.
6. Y las gentes no se
lo explicaban. Pero la razón por la que no pudo alcanzar nada con un par de
brazos tan largos era que él no sabía que sus brazos fueran más largos que
los de la gente que pasaba a su lado. Cuando lo descubrió era muy tarde, y lo
descubrió al notar que no necesitó subirse en una silla para anudar la sábana
arrollada a una viga: con sólo estirar los brazos alcanzó el techo. Pero esto
sucedió demasiado tarde.
Álvaro Cepeda Samudio
El Nacional, Junio de
1948>>
B.
Se lee en voz alta El primer baile (1937), crónica de
Emilia Pardo Umaña.
<<EL PRIMER
BAILE
Por Emilia Pardo Umaña
Era algo terrible que iba a trazar un
definitivo cerco entre la vida pasada y la futura, cerco de ilusiones
floridas o de tremendos desengaños, ese primer baile. La niña agradecida con la
invitación empezaba a decaer y palidecer a ojos vistas, desde quince días
antes de la fiesta. La angustia es como un flotador; sube y baja por el tubo
digestivo, causando daños en el organismo entero y tapando definitivamente la
garganta cada vez que algún alimento se pone ante la vista. Impide dormir,
soñar, decir tonterías o escuchar las que dicen los demás. Ningún páramo puede competir con el
terrible frío que nos convierte en una nevera interior y nos hace estremecer
sin saber por qué, con los ojos espantados como cuando los fantasmas hacen su
aparición, o se limitan cortésmente a "amargar.
Creía yo que, todo esto había pasado;
hoy, con un ambiente de mejor camaradería, teniendo muchos amigos,
consideraba al primer baile como una fiestecita más en grande, sin
complicaciones ni temores. Y pensaba en aquellas de mis contemporáneas,
lindas, admirables como dibujos del "Vogue", que lloraron
silenciosamente antes de ir a decorar por primera vez los salones con una
sonrisa forzada que parecería detenida en un gesto único, el cual, no
obstante su mudez, tenía algo de aullido temeroso y algo de lamento. No
parecía sino que marcharan al suplicio vestidas de seda y coronadas de rosas
como de antiguos tiempos.
Pero ayer, una niña linda, me preguntó
cómo debía uno portarse en el primer baile, qué debía hacer para tener éxito,
y cómo era la gente de sociedad. Todo esto en un tono que me ha inspirado
graves sospechas de que la tragedia aún no ha abandonado el mundo. Y como en
el caso de esa niña, pueden estar muchas, creo conveniente dar algunas reglas
generales para información seria de las que las necesiten, y risa burlona de
aquellas que estén ya más allá de este
peligroso primer paso. Advierte que aunque no den su plena utilidad sino para
el primer baile, conviene no olvidarlas en general.
1. No se deje vestir por sus tías. Tienen
siempre un gusto espantoso, y una afición a los lazos de cinta que
termina con cualquier toilette.
2. No espere conseguir
un novio. Estos se encuentren en los "piches" de las procesiones,
en los campos de fútbol o tennis, en las casas de las amigas (donde son
novios de ellas), al salir de la casa, al entrar a la iglesia, etc. Pero en
una baile jamás.
3. No olvide que la
pechera dura hace a la gente terriblemente mentirosa. De ahí la tradicional
hipocresía de los ingleses, que usan mucho frac.
4. No crea que estás bailando con una joven de
porvenir. Los jóvenes de porvenir nunca van a los bailes, porque no los
invitan.
5. Avalúe la edad de
su parejo al comenzar cada pieza, saque la mitad y el resultado indicara el
número de los whiskys que puede resistir. Así, si tiene 20 años, no se puede
bailar con él, cuando lleve más de diez whiskys, etc.
6. No baile con
hombres casados. Eso se llama "pavo parado".
7. Pero si baila con
un casado, no le crea cuando le diga que está arrepentido de haberla conocido
"tarde". Esa frase --- de
reconocido sabor centenarista --- nunca ha sido verdad en los siglos que
lleve el mundo dando bailes.
8. Acepte para el día siguiente cuantas
invitaciones le hagan a vespertina sus parejos. Y al día siguiente váyase por
su cuenta. Ninguno cumplirá.
9. No del número de su teléfono; conteste
que está en la lista.
10. Cuando su parejo
diga que se va a fumar un cigarrillo, nunca lo acompañe. Déjelo ir solo.
11. Cuando un joven de
correcta presencia le diga: "Yo no estoy borracho", no baile ni un
momento más con él porque está alzadísimo y se le puede caer en medio de
salón.
12. Huya de los
hombres que tienen manos patinadoras...
13. No baile con sus
hermanos. Para eso está el dueño de la casa.
14. No hable de nada y
ríase de todo.
15. Pero si habla no cite autores; muchos
bailes se necesitan para poder nombrar a Silva.
16. No deje que su
mamá o sus tías le arreglen esas tres cintas que ningún broche ha podido sujetar jamás y que se van sobre sus
hombros. Usted tampoco se las esté poniendo a cada momento nerviosamente en
su sitio.
17. Tenga cuidado con el Champagne. No
embrutece, pero emborracha.
18. No lo pondere el bailado a su parejo porque
puede que le cuente dónde aprendió.
19. No cuente
historietas divertidas que acaba de saber. Todos los del baile las saben
desde su primera infancia.
20. No crea en ninguna
declaración de amor. Todos los hombres adoran a todas las mujeres --- ¡menos
a la suya claro! --- después del cuarto trago, y a veces desde antes.
21. No acepte que la
lleve a su casa un joven que maneja su automóvil. Los accidentes de tránsito
a la salida de los bailes se dan silvestres.
22. Convénzase de una
vez, finalmente, que un baile no tiene sino dos etapas agradables. Recibir la
invitación y quitarse los zapatos.
Agosto 13 de 1937>>
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Evaluación:
Los estudiantes se muestran
interesados si tienen la oportunidad de seguir la lectura en voz alta, con la
crónica impresa.
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Recursos: Crónica de Álvaro Cepeda
Samudio y de Emilia Pardo Umaña.
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Bibliografía:
CEPEDA SAMUDIO, Álvaro. El hombre
de los brazos largos. En: VALLEJO MEJÍA, Mariluz. La crónica en Colombia: medio siglo de oro. Biblioteca Familiar
Colombiana: Bogotá, 2004.
PARDO UMAÑA, Emilia. El primer baile. En: Los desvelados. Disponible en
la internet en: http://losdesveladosliterarios.blogspot.com/p/mio.html
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Quinta Sesión
EL FUTBOL TAMBIÉN SE JUEGA CON LA MANO: ESCRIBIENDO.
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Tema: ¿Sobre qué escribimos?
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Objetivos: Estimular la escritura en los estudiantes a través de un tema
que los apasione.
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Indicadores:
Se interesa en la lectura y la escritura de un tema que le
apasione.
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Actividades:
A.
Se leen las crónicas
de futbol de Eduardo Galeano, Un hincha
y Garrincha. …
B.
Se invita a la
escritura de crónicas sobre fútbol.
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Evaluación:
Gracias a la acertada selección
del tema que llama la atención de todos, se apreció mayor interés en la
escritura entre los estudiantes. Se adjuntan los ejercicios:
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Recursos: Crónicas de Eduardo
Galeano.
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Bibliografía:
GALEANO, Eduardo. El futbol a sol y sombra. Ediciones P/L@. Disponible en
la internet en: http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Galeano_Eduardo-El_futbol_a_sol_y_sombra.pdf
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Sexta Sesión
LA COCINA DE LA ESCRITURA
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Tema: Paso a paso de
la escritura
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Objetivos: Intentar que el estudiante se familiarice con la escritura y
sus dificultades y trate de superarlas.
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Indicadores:
Conoce y sigue los pasos de la escritura como acontecimiento creativo
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Actividades:
A.
Se expone el proceso
de la escritura como el de cocinar un rico plato, siguiendo la metáfora
utilizada por Daniel Cassany en su libro “La cocina de la escritura”. Se
adjunta guía de trabajo preparada por el grupo para la sesión.
B.
Se invita a seguir los
pasos para escribir una crónica:
*Primero: Escribir
sobre qué se va a tratar tu crónica. Ejemplo: “con este escrito contaré un
día de colegio… “
*Segundo: Cuente cómo
empieza y cómo se prepara usted para ir al colegio.
*Tercero: Cuente sus
impresiones sobre el colegio: cómo le parecen los salones, las canchas, la
oficina de profesores, los árboles, los patios, etc.
*Cuarto: Ahora, cuente
cómo le parecen las personas: los compañeros, los profesores, etc.
*Quinto: Ahora, cuente
algo importante que le haya pasado ese
día.
*Sexto: por último,
finalice diciendo cómo se acaba el día en el colegio y cómo se va a su casa
usted y sus amigos…
La guía:
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Evaluación:
Los estudiantes escribieron sus
crónicas, siguiendo la receta y lo hicieron con entusiasmo y propiedad.
Muchos de los que antes no habían escrito, esta vez lo hicieron.
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Recursos: Guía didáctica.
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Bibliografía:
LA ESCRITURA EN LA ESCUELA: UNA MIRADA DESDE LA COTIDIANIDAD. Disponible
en la Internet en:
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CONCLUSIONES
* Es indispensable que los temas que
se elijan para la lectura y la escritura sean de interés de los estudiantes.
* La crónica es el género literario
ideal para iniciar un proceso de escritura entre la gente que no ha tenido la
oportunidad de expresarse libremente por escrito.
* Enunciar y dejar bien claro al
auditorio que puede emplear completa libertad en la escritura de sus textos es
un incentivo infalible para escribir. No todos sabemos que somos libres y
cuando se nos proporciona esta oportunidad, algunos la saben aprovechar.
* Siempre es posible persuadir a una
persona para que escriba así se trate del menos interesado. Todo radica en el
método que se emplee.
* Luego de captar el interés del
auditorio para escribir, se puede emplear correctamente el uso de diferentes
gramáticas para mejorar la puntuación y la ortografía.
* Una estrategia para incentivar el
gusto por la lectura es realizando una publicación de los trabajos realizados
por el auditorio. Siempre y cuando se realicen las correcciones pertinentes de
cada trabajo.
* Una de las dificultades primordiales
es la disposición total del auditorio, especialmente cuando se dispone de un
auditorio de cincuenta (50) individuos. Por lo tanto, hay que ser didácticos y
recursivos utilizando todos los resultados obtenidos.







































































































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