domingo, 31 de agosto de 2014
TALLER DE ESCRITURA - MARCO TEÓRICO
UNIVERSIDAD INDUSTRIAL
DE SANTANDER (UIS)
FACULTAD DE CIENCIAS
HUMANAS
ESCUELA DE IDIOMAS
(UIS)
TALLER DE DIDÁCTICA DE
LA LENGUA MATERNA II
Prof. WILSON GOMEZ
MORENO
TRABAJO PRESENTADO POR:
Edwin
Leonel Ulloa Reyez
Laura
Vanessa Olave Mendez
Adrián
Gómez Díaz
Angy
Gaona
Andrea
Abril Rojas
MARCO
TEÓRICO
¿QUÉ ES ESCRIBIR?
Ante la pregunta de ¿qué es escribir?, se podría
responder, primero que todo y entre tantas definiciones, que escribir es
vomitar. Escribir es vomitar en el sentido de que se saca de alguna parte de
nosotros algo que queremos decir, o que no, pero que de todas formas tiene que
salir porque causa malestar, náusea -y que a lo mejor si no sale se convierte
en un gusano, por decirlo así-; un gusano de vómitos que camina por nuestra
lengua, por los pulmones, por los intestinos, etcétera. Un gusano de palabras
sin forma que hallará una quizás en el momento que nos deje y nutra un vacío
más blanco que nosotros. El vacío del papel, el vacío de la hoja de la
computadora, el vacío de la pared; el vacío del instante en el que se escribe y
el vacío de la vida que será saqueado por las patas de sapo de nuestros
pensamientos, de nuestros sentimientos, de nuestros recuerdos; de nuestras
realidades-ficciones que cambian y desde la muerte, desde la tumba del vacío ya
no tan blanco, toman la máscara de la verdad y la mentira, mientras pasa el
tiempo con los pies del olvido-un gigante: el más grande del mundo- que llenan
todo de polvo mientras sudan y bailan.
Esto, lo anterior, es una definición del pensamiento
colectivo del grupo, de lo que es escribir o podría ser el ejercicio de la
escritura como tal. Digamos que desde una experiencia mediocre, y que por
supuesto no es una novedad, pero que se vale, ¿por qué no? Otra definición nos dice
que escribir es el proceso, por el cual, a través de una tecnología -la
escritura- expresamos un sentimiento, una idea, un pensamiento, etcétera; o sea
que escribir es comunicar algo, aunque en muchos casos esto no haya sido una
intención consciente. Algunos de los estudiantes del Colegio Santander (de 8 ▫
jornada de la tarde), a los que se les preguntó que para qué escribían, respondieron
de manera concreta que para expresar sus sentimientos, y de esta forma no
estaban tan lejos de la definición anterior. Además, señalaron que escribían
para aprender y esto también podría relacionarse fácilmente-aunque ellos no
hayan explicado aprender qué- con otra definición, muy común entre maestros de
lengua castellana, que apunta a que escribir es una forma de organizar los
pensamientos y los procesos dialógicos; y que todo se lleva a cabo consigo
mismo, pero a la que cabría agregarle
que escribir también es una forma de jugar con el pensamiento, con las nociones
e ideas, etc, y asimismo, que la escritura es un proceso selectivo muchas
veces, debido a que siempre está la libertad y la posibilidad de escoger que se
quiere dejar como marca sobre la hoja en blanco.
Los lineamientos
curriculares de Lengua Castellana señalan que el
proceso de escribir es similar al de leer. Es decir, que “no se trata solamente de una codificación de significados a través de
reglas lingüísticas. Se trata de un proceso que a la vez es social e individual
en el que se configura un mundo y se ponen en juego saberes, competencias,
intereses, y que a la vez está determinado por un contexto socio-cultural y
pragmático que determina el acto de escribir: escribir es producir el mundo (p.
27).
Siguiendo la cita previa, esta definición es quizá bastante más acertada que las anteriores,
y a partir de esta, se tomará impulso para lo que
se pretende con el taller de crónica que
llevaremos a cabo en grupo, nuestro taller de Crónica Libre 2014. De
todas formas, las definiciones previamente establecidas también sirven, y están
ahí cerca si se quiere hacer uso de ellas, porque el objetivo del taller no
solo es que los estudiantes aprendan a escribir un poco mejor- a través de la
enseñanza de la escritura de un género sencillo, pero lleno de diversidad, por
decirlo así, como es la crónica- sino que también den cuenta de ese mundo que
estando ya configurado interiormente, a pesar del caos y la complejidad de cada
ser, puede en el proceso de escribir configurarse de otra forma produciendo así
el mundo; una cara más del mundo y la vida, que también ayudan a conocerse un
poco más porque están totalmente impregnados de un contexto socio-cultural en
donde tanto lo individual como lo social son necesarios.
Siguiendo con los planteamientos de los Lineamientos Curriculares de Lengua
Castellana (MEN, 1998), hay que agregar que escribir es una de las cuatro competencias necesarias, junto a leer, hablar y escuchar, para lograr un desarrollo integral de los aspectos
relacionados con el lenguaje; y que este taller se justifica sobre todo en la
idea de que hay que “ir más allá de la competencia lingüística como horizonte
del trabajo pedagógico, e incluso más allá de la competencia comunicativa”
(MEN, p. 25), para así poder construir realmente sentido, porque eso también es
escribir: construir sentido. Asimismo, no sobra decir que con el proceso de
escribir, de producir un texto- en este caso crónicas- se ponen en juego
actividades cognitivas como son “la abstracción, el análisis, la síntesis, la
inferencia, la inducción, la deducción, la comparación, la asociación”(Estándares básicos de competencia del
lenguaje, 2006, p. 21).
¿QUÉ ES LA
ESCRITURA?
Para abordar qué es la escritura, se partirá de algo
que ya se dijo cuándo se trató de dar cuenta de qué es escribir. Me refiero a
las palabras, en donde se señala que la escritura es una “tecnología”, viniendo
dicha noción de uno de los filósofos griegos más importantes: Platón. Este
filósofo “consideraba la escritura como una tecnología externa y ajena, lo
mismo que muchas personas hoy en día piensan de la computadora” (Oralidad y escritura, p. 84), y con esto
se refería a que la escritura es algo artificial, algo no natural como si puede
serlo el habla oral de todo ser humano. Otra definición de escritura, que
aparece en el libro Oralidad y Escritura
del profesor Walter J. Ong, es la de Ferdinand de Saussure, cuando habla de la
primacía del habla oral y de la tendencia aún entre letrados “de considerar la
escritura como la forma básica del lenguaje” (Oralidad y escritura, p. 15), y
que apuntan a una de las características de toda escritura, aunque aquí
Saussure critique esa supuesta forma básica del lenguaje en la escritura: esto
es, que la escritura está estrechamente relacionada con la oralidad y que para
existir necesita de esta en tanto que la oralidad no necesita de escritura
alguna.
En el mismo libro de Walter J. Ong encontramos otras
citas referentes a la escritura que son de gran ayuda para definir esta. Dice
el autor de Oralidad y Escritura que
Edward Sapir, C. Hockett y Leonard Bloomfield sostenían la opinión de que “la
escritura simplemente representa en forma visible la lengua hablada” (p. 25), y
aunque esto no es del todo cierto, ya que no siempre representa la oralidad, si
lo es el hecho de que gracias a esta visibilidad de la escritura podemos
concebir las palabras que conforman la escritura como algo que se puede ver y
tocar, semejante a los objetos y las cosas. Con esto también se apunta a que la
escritura es una herramienta fundamental, una herramienta que se utiliza en un
para qué concreto.
Siguiendo
lo afirmado, la escritura es un aprendizaje artificial, a diferencia de cuando
aprendemos a hablar, que es un aprendizaje natural; la escritura ha tenido un
proceso complejísimo desde que se originó y apunta a un arte difícil de
aprender, pero sobre todo difícil de enseñar que tiene un largo proceso de
preparación -hoy en día- por parte de los maestros, quienes son, sin lugar a
dudas, sujetos sociales del cambio en la
enseñanza y el aprendizaje de la lectura y la escritura, poderosas herramientas
que, a su vez, son eventos que se dan en contexto porque la escritura no tiene
ningún matiz político, ni religioso ni mucho menos cultural, ya que desde
siglos atrás ha tenido un poder democratizador.
Ahora
bien, la escritura es un proceso muy complejo donde convergen muchos elementos,
tales como las herramientas, el espacio, los rituales, y en otras palabras, el
trabajo en lo cotidiano. Esta idea la reafirma el profesor Wilson Gómez Moreno en
su libro Apuntes al margen: “debemos
pensar que la especificidad de nuestro taller es la escritura; es decir, que a
él deben llegar personas interesadas en reparar, producir, construir o
reconstruir escrituras; por lo tanto, el saber que aquí debe circular es el
saber sobre el oficio de escribir. (Gómez Moreno, pág. 25)
De
la anterior cita, se puede apuntar a que en la vida cotidiana, un taller es el
espacio donde un aprendiz va a aprender un conocimiento en concreto. Así pues,
en el taller de escritura se va a aprender sobre la escritura. Vemos entonces
que el taller de escritura parte de un problema y, por ende, el taller se
enfoca a un saber especializado donde el que guía es el maestro-quien sabe- y
por otra parte, el que es guiado, el aprendiz, reconoce que no sabe. En
consecuencia, el taller de escritura es un proceso complejo, donde paso a paso
se aprende y construye como pasa en otros talleres de mecánica, panadería,
cocina, etc. Por tal efecto, nuestro taller de Crónica Libre 2014 se ha enfocado
desde el inicio a ese concepto fundamental de “taller”, para que los
estudiantes del Colegio Santander sean parte de dicho proceso.
TALLER COMO DIDÁCTICA DE LA ESCRITURA
Para abordar el taller
como didáctica de la escritura, se tiene en cuenta las ideas planteadas por el profesor
Wilson Gómez Moreno, en texto ya mencionado Apuntes
al margen: didáctica de la escritura (2005) debido a su pertenencia en el
desarrollo de nuestro taller que nos dilucida aspectos fundamentales de la
didáctica de la escritura. A saber, él expone que si se precisa el concepto de “taller”
y se observa el taller de escritura como se haría con un taller de mecánica,
salen a la luz aspectos propios del trabajo de escribir que se asemejan al de
cualquier otro oficio. Escribir tiene sus técnicas, sugiere unas prácticas,
afina unos métodos, hasta dar cuenta de los productos llamados textos.
Afirma Gómez: “Escribir es también un
ejercicio artesanal” (GOMEZ, 2005, p. 65). Desde este punto de vista, el taller
sería la forma didáctica más útil para la construcción de esos artefactos
peculiares que son los textos.
Por esto mismo,
apostaremos a nuestro objetivo didáctico a través de la práctica del taller de
escritura. Las observaciones del profesor nos apoyan en su realización, pues
define al taller como “un conjunto estructural de prácticas, eventos, rituales,
objetos y formas de hacer que se articulan en una dinámica compleja,
particularizada en cada situación, en cada problema por resolver.” (GOMEZ,
2005, p. 24). Allí radica el poder de la didáctica, que es justamente la que
muestra cómo resolverlos. Por lo menos, cada didáctica aprecia un camino por el
que los problemas antes bien muden en nuevas inquietudes.
Por ende, acompañar
este proceso por parte del maestro le implica comprender las dinámicas del
otro. El gesto de comprender, lo sitúa en un papel de “quien sabe hacer, enseña
“mostrando el saber”, orienta el hacer del otro, revisa, aconseja, aprueba y
evalúa” (GÓMEZ, 2005, p.28). Es también, agregaríamos, quien se maravilla de sus
estudiantes hasta que termina por aprender mucho de ellos. Por eso, en un
taller de escritura, el maestro ha de escribir los mismos ejercicios que sus
estudiantes, de suerte que aquellos les sirvan como modelo, anota también el
profesor Gómez.
En efecto, la didáctica
de la escritura puede ser desarrollada idóneamente desde esta perspectiva del
taller, pero su dimensión va siempre más allá. Juan Mallart aprecia que la
didáctica haya sido el nombre de un género literario desde la antigüedad. Los trabajos y los días de Hesíodo es un
ejemplo de texto cuya intención radica en enseñar a ser o a hacer. Para él, la
didáctica es una ciencia práctica, de intervención y transformadora de la
realidad (MALLART, 2001, p.7). Esta misión intrínseca de transformar la
realidad que asume la didáctica funciona también consigo misma, por lo que el
universo de las didácticas es considerable.
Es por esto que la
didáctica de la escritura implica un camino sugerente pero personal. El
objetivo que se comparte con otras didácticas es el mismo: enseñar- aprender a
escribir. Pero la vía es diferente. En este sentido, nuestro taller de crónica
libre 2014 apunta a esta idea fundamental del acto de escritura.
Ahora bien, una
didáctica de la escritura entiende que la habilidad para expresarnos por
escrito es fundamento de la comprensión y una fuente de apropiación del mundo,
en otras palabras, con la escritura podemos expresar lo que justamente es vital
para el ser. También, y como factor desencadenante muy propio, es a través de
la escritura como hacemos las propuestas y los cambios que el entorno requiere.
Las palabras y su escritura guardan dentro de sí el poder de transformar la
realidad, de volver verdadero y posible nuestro anhelo más fiel. En este
sentido, el taller de escritura es, por ende, el lugar para acoger a las
palabras como una de las herramientas indispensables para la vida. Disponerlas
para todos en el espacio-tiempo del taller es una posibilidad pertinente a las
comunidades en general.
Si bien es necesario
despertar la atención sobre las palabras con las que alimentaremos nuestros
textos, a este despertar de la conciencia del lenguaje asisten la razón y la intuición, entre otras facultades mentales
y sensoriales. Se trata de leer todo lo que acontece alrededor y volcarlo en el
recurso del lenguaje articulado. Por tal motivo, la didáctica de la escritura
se inspira en la actividad como manera de desinhibir a los estudiantes
escritores hacia la escritura de cualquier texto.
Pues bien, los aspectos
técnicos en la actualidad, están mediados por las transformaciones que logran
la lectura y la escritura. En la organización formal del texto, intervienen
factores de diversas modalidades en la actualidad y es necesario que la
didáctica se adapte a estos cambios hacia la multimodalidad:
“Nosotros vemos que los recursos multimodales están
disponibles en una cultura acostumbrada a construir sentido en cada uno de los
distintos signos, en todos los niveles, y de cualquier forma. Donde la
lingüística tradicional tenía un lenguaje definido como un sistema que funciona
a través de la doble articulación, donde un mensaje era una, articulación entre
significante y significado, nosotros vemos textos multimodales como
constructores de sentido en múltiples articulaciones”. (KRESS y VAN LEEUWEN, 2001, p. 3).
Conocedores de estos
aspectos técnicos, es que proponemos el uso de materiales para la escritura que
promuevan la libertad pero siempre bajo la atención despierta de cada
estudiante a quien se propone inventar y responsabilizarse de su propio método
de aprendizaje o didáctica. El ejercicio hecho a conciencia quizá le arroje la
fábula que no es otra cosa que el tesoro que encuentra y desentraña el trabajo
dedicado característico de un taller, una mina, un viaje. Siguiendo la idea
anterior, nuestro taller intentará seguir un proceso de escritura con cada uno
de los estudiantes, proyectando, paso a paso, un ejercicio didáctico en el
salón de clase.
¿QUÉ ES UNA CRÓNICA?
Como bien se
sabe, existe una gran variedad de definiciones de crónica. Pero, siempre
existen definiciones erróneas que desvían el verdadero sentido del objetivo de
la misma. Según Luis Gruss*, “la crónica
es un género o subgénero que se caracteriza por la amplitud de estilos y cierta
libertad del cronista para interpretar y construir (o reconstruir) con palabras
los hechos que ha visto y narra. Lo fundamental no es lo que se cuenta sino
cómo se cuenta”. Igualmente, se puede evidenciar que la crónica informa sobre
los hechos ocurridos aunque no se limita a esa función solamente, porque el
autor reinventa estos hechos desde la literatura y su subjetividad, siempre y
cuando no se pierda la fidelidad de los hechos.
Los hechos se revelan más en acciones que en consideraciones, porque
narrar es representar en el discurso acciones que se suceden en el tiempo y en
el espacio.
La palabra
crónica viene kronika biblios (crónica
biblia) y de khronos (tiempo)**,
su vida está dada ante el transcurso del tiempo. La crónica pretende atrapar el
raro fluir de las cosas. Un caso muy particular de esa “captura del raro fluir
de las cosas”, es América, que se hizo en base a crónicas. Se llenó de nombres,
ideas y conceptos como un intento de adaptación de lo que se sabía a lo que no
se sabía. Por ejemplo, Luis Gruss menciona que “un cronista de indias describe
una fruta que no había visto nunca. Y dice: “es como las manzanas de Castilla”,
sólo que es ovalada y adentro tiene carne anaranjada. Se evidencia que el
cronista no hablada de la manzana de Castilla”, es decir, tenía que partir de
algo: no podía empezar de la nada. Entonces, se puede decir que el acto de
componer una crónica parte de lo conocido para alcanzar lo desconocido. Por
ejemplo, vamos a un lugar con lo que creemos que vamos a ver y chocamos con lo
que vemos. De esos efectos colaterales de esa colisión (dos visiones) se
esconde la razón de una “buena” crónica.
La crónica se
ocupa fundamentalmente de contar lo que la gente vive y su cotidianidad y esa
misma gente es quien va a leer eso que se ha escrito, porque aquello que le
pasa a una persona les pasa casi a todos. Además, la crónica no requiere de
hechos extraordinarios (aunque pueda contenerlos); no pide más que una buena y
profunda mirada, buena escritura, estilo, personalidad, capacidad de contar
algo más o menos ordenadamente (lo que no excluye dar cuenta del caos, de lo
indeterminado, de lo que no puede ser fácilmente nombrado). Toda crónica está
muy cerca de evocar experiencias personales, cuantos más elementos se
incorporen de esa experiencia íntima a los relatos de hechos ajenos más
conseguiremos volver a estos últimos accesibles y reconocibles.
De igual
manera, Luis Gruss menciona que “lo central para un cronista es aprender a
mirar algo con la mayor atención. Y hacerlo siempre con la actitud del
“cazador”: con cierto espíritu primitivo y con la mayor fuerza posible. Ya en la elección del tema hay una toma de
posición. Luego saber: dónde poner el foco, qué dejar, qué eliminar, cómo
empezar, cómo terminar”. Pero incluso todo esto forma parte de la decisión
inicial, ¿Qué se quiere contar? ¿Por qué se hace? ¿Cómo voy a encarar esa
tarea? El otro desafío es la puesta en escena de la narración. Porque las
acciones puras, son siempre más poderosas que la frase más bonita. Además, no
se puede dejar a un lado la forma y el estilo propio de todos los géneros
literarios, por ejemplo, el uso correcto de verbos y signos de puntuación.
El otro tema
es definir la estructura (algo que quizás no haga falta definir de entrada ya
que en definitiva se trata del resultado de un proceso); si se usarán diálogos
o no, entrecomillados, datos puntuales y presentación de personajes en el
relato. Esto último es importante y en este caso como en los otros debemos
actuar casi como escritores. Un personaje –al igual que un escenario- debe
estar bien presentado. Una buena descripción de personajes y escenarios es
fundamental siempre que no se convierta en un catálogo de nimiedades.
La crónica es
un género informativo-narrativo con absoluta libertad expresiva. Se distinguen
principalmente dos partes. La primera parte que se tiene en cuenta en su
estructura es la titulación, porque es el principal medio para atraer al
lector. Para ello es necesario que la titulación tenga elementos interpretativos,
este debe ser llamativo, pero conservar lo frío e imparcial porque hace que el
lector se acerque a su texto sin percibir que se trata de una valoración de lo
que ha sucedido.
Asimismo, el
primer párrafo, tiene la función de captar un mayor interés por parte del
lector, por eso, se debe comenzar con un juicio acertado y original. El
objetivo es que el lector se sienta atraído por su lectura hasta el final del
texto. En algunas ocasiones, se utiliza una técnica que consiste en dejar algún
interrogante de cierta importancia al inicio para obligar a buscar la respuesta
en el cuerpo, pero es necesario hacerlo con precaución, ya que el interés
suscitado debe verse finalmente compensado.
El cuerpo de
la crónica tiene un estilo libre, por lo que es difícil prever si el cronista
va a dar más o menos importancia al hecho, o, por el contrario, a la
valoración. Además, no parece adecuado especificar una composición con una
presentación, argumentación y conclusión, pues el orden de las partes que lo componen
es diferente en cada una dependiendo de su autor. La conclusión no está siempre
al final del relato, pues muchos cronistas prefieren hacer la valoración al
principio, e incluso en los titulares, mientras que la argumentación
normalmente va a lo largo de todo el texto. Es un género con una estructura
formal absolutamente libre.
En opinión de
Susana González Reyna (1991: 37), “la crónica es un género que recurre a la
forma narrativa para el relato de lo sucedido, por lo que le corresponde la
estructura de un texto unitario. En su opinión, este género tiene unas
características en su redacción basadas en cuatro condiciones: Evocar los
hechos que quiere destacar, ordenar los datos importantes, dar el tono adecuado
para atraer al lector y como es un texto donde prepondera la subjetividad,
mostrarla de forma discreta y elegante”. Además, propone una estructura
sencilla de tres partes que considera igualmente importantes: La entrada, que
debe tener fuerza y resultar atractiva, el relato, que incluye los detalles
importantes de lo sucedido y la conclusión, que es el final del relato, aunque
no un juicio.
Por último,
las crónicas son tan variadas como los estilos de sus autores. Cada escritor
imprime su sello personal, por lo que intentar hacer una clasificación válida
para todos los casos. Por ello, algunos autores prefieren distinguirlas
teniendo en cuenta el asunto del que tratan, por ejemplo, crónica de sucesos,
crónica deportiva, crónica taurina, etc. o el lugar desde el que se realizan
crónica de corresponsal en el extranjero, crónica de corresponsal en
provincias, crónica de enviado especial, etc. (García Núñez, 1985: 63).
Igualmente, Lorenzo
Gomis diferencia la crónica en dos tipos: la crónica que cubre un lugar, y la
crónica que cubre un suceso. Para este autor, en el primer grupo el escritor
relata y valora cualquier asunto que se presente en el sitio desde donde la
realiza, en el segundo caso lo normal es que se trate de un especialista en
crónicas judiciales, deportivas o parlamentarias.
Pero además de
lo anterior, un cronista se identifica es en su estilo particular. Se trata de
un texto que siempre debe estar elaborado con recursos creativos, ya que es el
rasgo característico. En palabras de Martín Vivaldi (1998: 139), todo buen
cronista debe “informar literariamente”. Pero también es un texto informativo,
por lo que debe estar redactado con claridad, sencillez y precisión. Son textos
que informan sobre acontecimientos políticos, sociales, deportivos o taurinos
desde el lugar en el que se han producido, pero el cronista imprime su propio
estilo. Y por esto se permite diferenciarlas en dos grupos. Cuando su estilo le
da un contenido preferentemente centrado en la función informativa, tenemos la
crónica informativa; y cuando principalmente está inclinado hacia una
valoración de lo sucedido sin olvidar la información, se trata de una crónica
valorativa.
BIBLIOGRAFÍA
·
YANES,
R. (2006). La crónica, un género del periodismo literario equidistante entre la
información y la interpretación. Revista de estudios literarios, 32. Recuperado
el 13 de Junio de 2014, desde http://www.ucm.es/info/especulo/numero32/cronica.html
·
GRUSS,
L. (2014). Crónica, repaso general. Recuperado el 13 de Junio de 2014, desde
http://suspendelviaje.blogspot.com/
TALLER DE ESCRITURA - SECUENCIA DIDÁCTICA
SECUENCIA DIDÁCTICA:
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Primera Sesión:
RECONOCIENDO EL TERRENO
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Tema: Diagnóstico I
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Objetivo: Reconocer el grupo, presentando la crónica como el género
literario que se trabajará en estas sesiones de lectura y escritura
creativas.
|
|
Indicadores:
Aporta sus apreciaciones con respecto a la escritura.
Da su concepto de género literario y de crónica.
|
|
Actividades:
A.
Saludo y presentación
del equipo de profesores.
B.
Formulación de
preguntas acerca de la escritura y la crónica (Ver Anexo 1):
1.
¿Le gusta escribir?
2.
¿Para qué escribe?
3.
¿Qué género literario
les gusta más?
4.
¿Qué saben de la
crónica?
C.
Exposición de los
motivos del taller que se presentó como un espacio para la libertad de
expresión.
D.
Lectura de la crónica
“El centro” de Juan Carlos Gómez.
E. Lectura comentada de
la crónica de Héctor Abad Faciolince “Instrucciones para escribir una
crónica”, que los estudiantes recibieron impresa.
F. Enunciación de la
tarea para vacaciones: Escribir una crónica sobre un hecho destacado de las
vacaciones.
|
|
Evaluación:
1. Antes de terminar la
sesión, se les pidió a los estudiantes que manifestaran sus impresiones con
respecto al taller y si querían que volviéramos a su clase de Español.
Algunas de sus respuestas
fueron:
*Silencio y sonrisas.
Miradas unos a otros…
*Alguien adelante dijo
que estaba bien que viniéramos porque les dimos libertad para expresarse.
*Otro manifestó que la
lectura estuvo buena.
* Hubo quien dijo que les
había gustado mucho más que otras veces, cuando también habían ido otras personas
a hacer ejercicios parecidos al que nosotros hicimos.
2. Lectura del
diagnóstico:
Mirando las respuestas
del grupo de octavo grado del Colegio Santander, que no todos entregaron
porque solo hay veinticinco, uno puede sacar algunas conclusiones. La
primera, que hay un grupo, bastante pequeño, por cierto, al que realmente no
le gusta escribir y cuando escribe simplemente lo hace porque le toca. La
segunda, que a la mayoría de los que entregaron la hoja con las respuestas
les gusta escribir un poco para poder expresar sus sentimientos y para
aprender, como dicen ellos mismos. La tercera, que la mayoría no tiene claro
cuáles son los géneros literarios, pero aun así, por sus respuestas de que
les gusta lo fantástico y la ficción, uno diría que les gusta, más que todo,
los cuentos. Y la cuarta, que solo uno o dos tiene una pequeña idea de lo que
es una crónica. Además, ver que existen ciertos problemas con la ortografía,
la puntuación y en ciertos casos, de coherencia.
Aún con esto, si bien, va
a ser difícil el trabajo con los muchachos como deja ver las conclusiones
anteriores, hay también algo que nos parece muy importante para emprender la
enseñanza de cualquier cosa. Esto es el interés, que pudimos ver en los
estudiantes de octavo cuando se llevaron a cabo las dos lecturas; y otra
cosa, que con la crónica ellos van a trabajar con el material de lo que viven
a diario, con su experiencia; con lo que sus ojos ven y con todo eso de lo
que ellos están hechos.
CRÓNICA - DIAGNÓSTICO
1
Con
el coordinador del Colegio Santander, que la verdad no sé cómo se llama,
habíamos quedado de encontrarnos quince o diez minutos antes de la hora en que
iniciaba la clase, que él con mucho gusto, y sin autorización del rector, dijo
que podíamos tomar cada martes de la semana, durante unas ocho sesiones, para
que lleváramos a cabo el taller de crónica que le habíamos propuesto con Angie,
y que sin duda para él, por su acogida y amabilidad hacia nosotros, era del
total agrado. Sin embargo, faltando cinco minutos para las tres y veinticinco de la tarde,
la hora en que iniciaba la clase, apenas estábamos en la entrada del colegio
esperando que el celador, un hombre bastante gordo, volviera de la coordinación
con la orden de si podíamos entrar o no.
Estuvimos
unos diez minutos esperando que el celador volviera, y hay que decirlo, era una
tortura estar ahí esperando, sintiendo ansiedad y miedo ante la idea de empezar
un “taller de crónica” con más de cuarenta estudiantes, sin saber hacer una
buena crónica nosotros mismos. Cuando ví otra vez la figura del celador en el
pasillo, que volvía hacia nosotros casi sin que sus pies se movieran, a mí el
pulso me empezó a ir más rápido y una voz me decía por dentro que saliera
corriendo, mientras que otra me decía que no fuera cobarde y que tenía que ser
responsable con lo que ya me había comprometido a hacer. Además, solo estábamos
en la entrada del colegio: Andrea Abril y yo, porque el resto del grupo no nos
podía acompañar. Laura tenía clase de dos a cuatro; Adrián estaba
hospitalizado; y Angie, a quien Andrea había llamado unos minutos antes, estaba
esperando un bus en el centro, con un grupo de muchachos también del Colegio
Santander, y por esta razón se demoraba un poco.
Por
fin, después de unos minutos que parecían eternos, el celador gordito estaba
ante nosotros, y sin decir una sola palabra, metió una llave amarilla en el
candado de la reja que nos separaba y nos abrió. Le dimos las gracias, con la
misma ansiedad de antes, y caminamos a pasos largos y rápidos hacia la oficina
del coordinador, que yo pensaba, podía estar molesto porque no habíamos llegado
a la hora prevista ni siquiera el primer día del taller.
El
coordinador, al verme aparecer ante su puerta, me miró por un breve instante
como tratando de reconocerme, y después de esbozar una pequeña sonrisa, me
preguntó que a qué hora habíamos quedado. Yo, que ahora sentía un peso menos
encima, porque en el coordinador no había ni una pizca de enojo y si más bien
una señal de olvido, le dije que habíamos quedado a las tres y veinticinco. Ya
eran las tres y media, y aunque estaba ocupado hablando con una señora y un
niño, se levantó de su silla para acompañarnos al salón donde teníamos
intención de hacer, primero que todo, un diagnóstico. En el salón, cuando llegamos,
solo estaba la profesora (una señora morena y churca, como de unos cincuenta
años, quizás menos), y entonces el coordinador nos presentó mientras empezaba a
contarle porque estábamos allí. La profesora escuchaba atenta, con una sonrisa
en su rostro, y ante la pregunta del coordinador de que si nos podía ceder unas
ocho horas para trabajar con sus estudiantes, ella contestó que sí, que cómo
no, que perfecto, con mucho gusto nos daba el espacio para que empezáramos
a trabajar.
Cuando
empezaron a llegar los niños y niñas de octavo grado, que realmente no eran tan
niños, nos miramos con Andrea y juzgamos que la angustia que habíamos sentido
antes, en la entrada del colegio, era unas diez veces peor. Entraron poco a
poco, en grupitos de cinco, de tres, de siete, de dos, etc., y la verdad, eran
bastante ruidosos mientras buscaban donde sentarse. La profe nos dijo que
saliéramos un momento; que iba a organizar a los estudiantes y a explicarles un
poco cuales eran nuestras intenciones, y entonces salimos, sintiendo un alivio
grande.
Afuera
del salón notamos que el ruido, que era bastante, había cambiado a un gran
silencio. Estábamos bastante preocupados, y para distraernos nos pusimos a
mirar una piscina que hay en el Colegio Santander, no tan pequeña, aunque
vacía. Yo le dije a Andrea, con mis ojos clavados en la piscina con nostalgia, que eso era lo que le
faltaba a la UIS. Una buena piscina donde poder meterse y disfrutar de ese sol
que hace en Bucaramanga, y que de tan duro, lo pone a uno como un tonto. En
esas estábamos, cuando escuchamos la voz de la profesora que nos dijo que ya
podíamos entrar. No obstante, apenas entramos y abrimos la boca para
presentarnos, los estudiantes, que nos habían dicho eran cuarenta y dos, pero por sorpresa
eran cuarenta y ocho, comenzaron a hablar y a gritar entre ellos, no sé si
realmente porque no les interesaba mucho lo que nosotros podíamos decirles, o
simplemente, porque así eran cada día.
Yo,
que por mi forma de ser (es decir, por ser todavía un niño, por ser medio
ñerito, etc.) creía que la experiencia iba a ser fácil y podríamos abordar lo que queríamos. Empecé a sentirme
frustrado porque claramente no era así. Mientras hablaba, sabía que nadie
estaba escuchando, y oír tantas risas y tantos gritos, así como ver los
avioncitos de papel que iban y venían por el salón, acabaron con el optimismo
que me quedaba. Me callé; ahora fue Andrea la que intentó hablar, con una voz
más fuerte que la mía, y aunque los muchachos estuvieron más atentos por un
minuto, empezaron a hablar y a gritar aún más fuerte que antes.
Frente
a este paisaje, decidimos que era mejor empezar con las preguntas que queríamos
hacerles, y a gritos les fuimos diciendo cuales eran. La primera pregunta era:
¿Les gusta escribir? La segunda: ¿Para qué escriben? La tercera: ¿Qué género
literario les gusta más? Y la cuarta: ¿Qué saben de la crónica? Las preguntas
las repetimos varias veces porque por el ruido y el desorden casi nadie
escuchaba, y al fin, tuvimos que pedirle prestado a la profesora, con algo de
pena, un marcador para escribir las preguntas en el tablero. Yo me di a la
tarea de escribir las preguntas, y Andrea no sé qué hacía porque mis ojos
estaban en el tablero. Cuando terminé de escribir las preguntas vi que Angie
había llegado, y sinceramente, me sentí más tranquilo porque ella tiene más
experiencia en estas cuestiones.
Angie
tomó la palabra. Los estudiantes seguían con el mismo ruido y caos de antes,
pero ante la mímica de Angie de salir corriendo del salón, todos se rieron y
algunos se callaron porque el ruido bajó un poco. Entonces, con una voz más
fuerte y segura que la mía, empezó a decir todo lo que yo no había sido capaz
de decir. Me refiero a que la idea del taller, que queríamos llevar a cabo,
consistía sobre todo en poder expresar todo eso que se vive y no se dice. Que
la idea era expresarlo con la libertad que por lo general siempre nos reprimen
en la escuela, el colegio y la universidad. Y para nuestra sorpresa, los
estudiantes pararon oreja y pareció interesarles lo que se les proponía. Luego,
fueron entregando uno a uno las respuestas de las preguntas que les habíamos
hecho un poco antes.
Después
de esto, y a pesar de que no todos habían entregado la hoja con las respuestas,
que les pedimos no marcaran con su nombre para que se sintieran más relajados.
Andrea se puso a leer una crónica del libro “Otros crímenes de amor” de Juan
Carlos, un amigo de la UIS que ya se graduó. Todos hicieron mala cara cuando
iba a empezar a leer, pero cuando en la primera frase escucharon la palabra
“tombos”, alzaron la cabeza interesados y sonriendo.
La
crónica que escogimos para leerles se titulaba “El centro”, y en esta las
palabras claves eran “ñeros, cuchillos, robos, marihuana, tombos”, y otras.
Todos siguieron la lectura atentos, haciendo de vez en cuando un pequeño
comentario, y sinceramente, si uno juzga por sus caras, a la mayoría les gustó
mucho la crónica.
Unos
minutos después de terminar la lectura de la crónica, Andrea y yo les
repartimos a cada estudiante una copia de otra crónica, esta vez de Héctor Abad
Faciolince. La crónica, “Instrucciones para escribir una crónica”, para nuestro
consuelo, al parecer también les gustó. Angie la leyó, y como antes con la otra
lectura, estuvieron callados e interesados.
Al
terminar Angie la lectura, les repetimos que la idea era que expresaran su mundo cotidiano, lo que ellos
vivían a diario ya fuera en su barrio, en el colegio, etc, y les pusimos un
ejercicio. Les pedimos que escribieran una crónica sobre la cocina de su casa
para el martes de la próxima semana, pero nos interrumpieron y nos hicieron
saber que el viernes salían a vacaciones. Rápidamente nos reunimos con Angie y
Andrea, y decidimos que escribieran la crónica sobre la cocina o sobre las
vacaciones de mitad de año.
Antes
de despedirnos, Angie les preguntó que si les había gustado la clase con
nosotros, y casi todos dijeron que si, que les había gustado mucho más que
otras veces, cuando también habían ido otras personas a hacer ejercicios
parecidos al que nosotros hicimos. Además de esto, Angie les dijo que dizque yo
era escritor, cosa que negué al instante porque no es cierto, pero de todas
formas, todo el grupo empezó a aplaudir no sé por qué (a lo mejor por burla), y
nos despedimos de ellos entre aplausos. Afuera del salón estaba la profesora,
esperando; le dimos las gracias, nos despedimos, y falto poco para que
empezáramos a correr hacia la salida del colegio.
2
Mirando
las
respuestas del grupo de octavo grado del Colegio Santander, que no
todos entregaron porque solo hay veinticinco, uno puede sacar algunas
conclusiones. La primera, que hay un grupo, bastante pequeño por cierto,
al que
realmente no le gusta escribir y cuando escribe simplemente lo hace
porque le
toca. La segunda, que a la mayoría de los que entregaron la hoja con las
respuestas les gusta escribir un poco para poder expresar sus
sentimientos y
para aprender, como dicen ellos mismos. La tercera, que la mayoría no
tiene
claro cuáles son los géneros literarios, pero aun así, por sus
respuestas de
que les gusta lo fantástico y la ficción, uno diría que les gusta, más
que
todo, los cuentos. Y la cuarta, que solo uno o dos tiene una pequeña
idea de lo
que es una crónica. Además, ver que existen ciertos problemas con la
ortografía, la puntuación y en ciertos casos, de coherencia.
Aún
con esto, si bien va a ser difícil como deja ver las conclusiones anteriores,
hay también algo que nos parece muy importante para emprender la enseñanza de
cualquier cosa. Esto es el interés, que pudimos ver en los estudiantes de
octavo cuando se llevaron a cabo las dos lecturas; y otra cosa, que con la
crónica ellos van a trabajar con el material de lo que viven a diario, con su
experiencia; con lo que sus ojos ven y con todo eso de lo que ellos están
hechos.
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Recursos:
* Autorización del
Coordinador Edgar Becerra de la jornada de la tarde del Colegio de Santander.
*Autorización de la
profesora de español, Flor, para intervenir en sus clases de “lectura y
escritura”.
*Crónica “El centro” de
Juan Carlos Gómez.
*Crónica de Héctor Abad
Faciolince “Instrucciones para escribir una crónica”.
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Bibliografía:
ABAD FACIOLINCE, Héctor. Instrucciones para escribir una crónica. En: El
Espectador. Bogotá, 30 de noviembre de 2013. Disponible en la Internet en: http://www.elespectador.com/opinion/instrucciones-escribir-una-cronica-columna-461454
GÓMEZ, Juan Carlos. Otros crímenes de amor. Becas bicentenario: Bucaramanga,
2014.
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Segunda Sesión:
VAMOS A VERNOS LAS CARAS
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Tema: Diagnóstico II
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Objetivos: Descubrir las habilidades para la escritura que tiene el
grupo.
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Indicadores:
Escribe acerca de sus sentimientos exponiendo ordenadamente sus ideas.
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Actividades:
A.
Se les propone a los
estudiantes escribir sus impresiones acerca de la toma de la fotografía del
carné, situación que están experimentando al mismo tiempo que la clase.
B.
Se les pregunta
quiénes hicieron la crónica de vacaciones y sólo levantan la mano tres de
ellos. Las hicieron pero no las trajeron. Los textos son muy buenos y los
adjuntamos en la próxima sesión.
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Evaluación:
Nuestras impresiones del diagnóstico II son:
* Reconocemos en la
mayoría un fuerte deseo de expresarse y de aprender a escribir.
* Nos damos cuentan de
que adolecen de una total falta de seguridad al momento de escribir que
suponemos tiene que ver con la falta de práctica en la escritura.
* Tienen mucha dificultad
para ordenar sus ideas.
* Los estudiantes no emplean
bien los signos de puntuación. Hay falencias en el uso de todos ellos.
* No siguen un proceso de
escritura consciente. Se lanzan a escribir sin planeación del tema de
escritura y sin premeditación.
* Es una escritura
oralizada. El texto que escriben tiene una fuerte carga de oralidad.
Estrategias de la conversación se corresponden con la actividad retórica del
que escribe: hay creaciones léxicas, intensificadores, onomatopeyas,
interjecciones, silencios, etc.
*Los textos usan una
“economía del lenguaje”, acortando las
palabras así haya espacio suficiente para escribir. Esto dificulta que todo
el mundo entienda los textos, pero nosotros logramos descifrarlos y no nos
parece tan incómodo. Ejemplo: “Porque” es reemplazado por “XQ”; “que” es
cambiado por “Q”.
*Los estudiantes están
además cambiando las letras al escribir: escriben “ll” en lugar de “ñ”, por
ejemplo. Tienen errores de caligrafía.
*También tienen
cuantiosos errores de ortografía.
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Recursos: Toma de fotografías para
el carné.
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Bibliografía:
Carmen Herrera, María Manjavacas Ramírez y Yolanda Tejado. El lenguaje de los jóvenes. Resumen de
las conclusiones del seminario "El español de los jóvenes".
Disponible en la internet en: http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2008/septiembre/jovenes.html
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Tercera Sesión:
DESCUBRIENDO AMÉRICA CON LA
CRÓNICA CORTA
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Tema: Repaso de conceptos
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Objetivos: Proponer una
definición de crónica corta para estimular la escritura.
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Indicadores:
Escribe una crónica teniendo en cuenta las
características básicas del género.
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Actividades:
A.
Entrega en guía y lectura de algunas de las características
de la crónica corta.
B. LA guía incluye
este ejemplo de crónica corta:
<<El 11 de octubre de 1492, después
de la puesta del sol la carabela
llamada La Pinta iba avanzando unas 12 millas cada hora.
A las 10 de la noche del 11 de octubre el
Almirante ya había visto en el horizonte algo que parecía fuego, pero era tan
poca la visibilidad que apenas y se podía distinguir. Llamaron a Pedro
Gutiérrez, de profesión repostero, para que diera su punto de vista sobre
ésto, a lo que dijo que efectivamente parecía luz de una fogata.
En ese momento el Almirante Cristóbal
Colón ordenó que se montara guardia ininterrumpida y durante el tiempo que
fuese necesario hasta que se divisara tierra, prometiendo a quien fuera el
primero en verla que le daría un jubón de seda, aparte de los otros regalos
que los reyes habían prometido.
A las dos de la mañana del 12 de octubre
la Pinta divisó tierra e informó de inmediato al Almirante; fue el marinero
Rodrigo de Triana quien dio el tan esperado grito de ¡Tierra! ¡Tierra a la
vista!, la cual estaba a escasas dos leguas de distancia.
En ese momento amainaron las velas e
iniciaron el desembarco. Era viernes cuando desembarcaron en la isla que en
el idioma de los nativos se llamaba Guanahani>>
C. Se lee la crónica
“Curándome la maricada”, del poeta barranquillero John Better.
D. Se pone de tarea
la escritura de una crónica de un día.
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Evaluación:
Los
estudiantes se muestran atentos a la lectura de las crónicas y se divierten.
Algunos
entregan las crónicas que habían quedado como tarea en vacaciones.
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Recursos: Crónica de John Better.
Concepto de crónica corta.
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Bibliografía:
BETTER, John. Curándome la maricada. Disponible en la
internet en: http://www.soho.com.co/zona-cronica/articulo/curandome-la-maricada/25127
Concepto de crónica corta. Disponible en: http://www.ejemplode.com/41-literatura/2535-ejemplo_de_cronica_corta.html
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Cuarta Sesión:
LECTURA DE CRÓNICAS
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Tema: Profundización
en las formas de la crónica
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Objetivos: Estimular la escritura en los estudiantes a través de la
lectura.
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Indicadores:
Se interesa en la lectura.
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Actividades:
A.
Se lee “El hombre de
los brazos largos”, crónica de Álvaro Cepeda Samudio.
<< EL HOMBRE DE
LOS BRAZOS LARGOS
1. Este hombre había
nacido con los brazos demasiados largos. Le bajaban de los hombros dos
interminables racimos de venas y de músculos hasta las mismas rodillas. Eran
un par de brazos que daban la impresión de que su dueño podría alcanzar con
ellos todo lo que se propusiera.
Y esta impresión
perduraba en el ánimo de todos cuando lo conocían. “Él puede llegar a donde
quiera”, decían todos. Porque no otra cosa puede decirse de quien posee un
par de brazos tan largos, que convenzan a todo el mundo de que con esos
brazos cualquier cosa se puede alcanzar.
2. Desde cuando estaba
en el colegio, con su par de brazos sobresaliendo de su pupitre, su largura
le ganó fama de inteligente, ya que los maestros decían que un muchacho con
los brazos tan largos tenía que ser largo también de entendimiento. Y se
distinguió como colegial pues a él se le daban todas las oportunidades y los
trabajos de mayor responsabilidad porque sus brazos largos eran la mejor
garantía.
3. Y Cuando salió del
colegio ya había aprendido a balancear como un par de remos descomunales los
brazos a los lados del cuerpo delgado y angosto. Caminaba lentamente,
hincando en el aire sus brazos, tal como si se moviera en razón de ellos,
como si fueran los brazos extremadamente largos los que le servían para
caminar , haciendo caso omiso de sus piernas.
4. Para esta época las
gentes se estaban a la expectativa para ver cómo lograba fácilmente con sus
brazos larguísimos lo que para los otros hombres se presentaba imposible.
Pero se quedaron sin saberlo pues el hombre de los brazos largos no supo qué
hacer en el pueblo y se fue a la ciudad. Y cuando lo vieron salir con la
pequeña maleta colgando al final de sus brazos , el cuerpo levemente
inclinado hacia el lado opuesto, de tal manera que parecía que el otro brazo
iba arrastrándose por la carretera, en todos quedó la impresión de que allá en
la ciudad sí conseguiría todo cuanto se propusiera pues cuando se tienen un
par de brazos tan largos la vida es fácil.
5. Pero en la ciudad
tampoco hizo nada. Las gentes miraban con asombro cómo se movían en el aire
sus dos largos brazos, exactamente como un par de remos descomunales, y
pensaban lo mismo que los vecinos del pueblo: con ese par de brazos se puede
alcanzar todo lo que uno quiera. Sin
embargo, él paseó sus largos brazos por toda la ciudad buscando qué hacer, y
no encontró nada. Hasta que un día, después de mucho tiempo de buscar
inútilmente una significación para su vida, lo encontraron colgando del techo
de su cuartucho miserable. Se había ahorcado con una sábana arrollada y
mugrienta. Y sus brazos flotaban en el aire, igual que dos remos descomunales
perdidos en el aire, igual que dos remos descomunales perdidos en el océano.
6. Y las gentes no se
lo explicaban. Pero la razón por la que no pudo alcanzar nada con un par de
brazos tan largos era que él no sabía que sus brazos fueran más largos que
los de la gente que pasaba a su lado. Cuando lo descubrió era muy tarde, y lo
descubrió al notar que no necesitó subirse en una silla para anudar la sábana
arrollada a una viga: con sólo estirar los brazos alcanzó el techo. Pero esto
sucedió demasiado tarde.
Álvaro Cepeda Samudio
El Nacional, Junio de
1948>>
B.
Se lee en voz alta El primer baile (1937), crónica de
Emilia Pardo Umaña.
<<EL PRIMER
BAILE
Por Emilia Pardo Umaña
Era algo terrible que iba a trazar un
definitivo cerco entre la vida pasada y la futura, cerco de ilusiones
floridas o de tremendos desengaños, ese primer baile. La niña agradecida con la
invitación empezaba a decaer y palidecer a ojos vistas, desde quince días
antes de la fiesta. La angustia es como un flotador; sube y baja por el tubo
digestivo, causando daños en el organismo entero y tapando definitivamente la
garganta cada vez que algún alimento se pone ante la vista. Impide dormir,
soñar, decir tonterías o escuchar las que dicen los demás. Ningún páramo puede competir con el
terrible frío que nos convierte en una nevera interior y nos hace estremecer
sin saber por qué, con los ojos espantados como cuando los fantasmas hacen su
aparición, o se limitan cortésmente a "amargar.
Creía yo que, todo esto había pasado;
hoy, con un ambiente de mejor camaradería, teniendo muchos amigos,
consideraba al primer baile como una fiestecita más en grande, sin
complicaciones ni temores. Y pensaba en aquellas de mis contemporáneas,
lindas, admirables como dibujos del "Vogue", que lloraron
silenciosamente antes de ir a decorar por primera vez los salones con una
sonrisa forzada que parecería detenida en un gesto único, el cual, no
obstante su mudez, tenía algo de aullido temeroso y algo de lamento. No
parecía sino que marcharan al suplicio vestidas de seda y coronadas de rosas
como de antiguos tiempos.
Pero ayer, una niña linda, me preguntó
cómo debía uno portarse en el primer baile, qué debía hacer para tener éxito,
y cómo era la gente de sociedad. Todo esto en un tono que me ha inspirado
graves sospechas de que la tragedia aún no ha abandonado el mundo. Y como en
el caso de esa niña, pueden estar muchas, creo conveniente dar algunas reglas
generales para información seria de las que las necesiten, y risa burlona de
aquellas que estén ya más allá de este
peligroso primer paso. Advierte que aunque no den su plena utilidad sino para
el primer baile, conviene no olvidarlas en general.
1. No se deje vestir por sus tías. Tienen
siempre un gusto espantoso, y una afición a los lazos de cinta que
termina con cualquier toilette.
2. No espere conseguir
un novio. Estos se encuentren en los "piches" de las procesiones,
en los campos de fútbol o tennis, en las casas de las amigas (donde son
novios de ellas), al salir de la casa, al entrar a la iglesia, etc. Pero en
una baile jamás.
3. No olvide que la
pechera dura hace a la gente terriblemente mentirosa. De ahí la tradicional
hipocresía de los ingleses, que usan mucho frac.
4. No crea que estás bailando con una joven de
porvenir. Los jóvenes de porvenir nunca van a los bailes, porque no los
invitan.
5. Avalúe la edad de
su parejo al comenzar cada pieza, saque la mitad y el resultado indicara el
número de los whiskys que puede resistir. Así, si tiene 20 años, no se puede
bailar con él, cuando lleve más de diez whiskys, etc.
6. No baile con
hombres casados. Eso se llama "pavo parado".
7. Pero si baila con
un casado, no le crea cuando le diga que está arrepentido de haberla conocido
"tarde". Esa frase --- de
reconocido sabor centenarista --- nunca ha sido verdad en los siglos que
lleve el mundo dando bailes.
8. Acepte para el día siguiente cuantas
invitaciones le hagan a vespertina sus parejos. Y al día siguiente váyase por
su cuenta. Ninguno cumplirá.
9. No del número de su teléfono; conteste
que está en la lista.
10. Cuando su parejo
diga que se va a fumar un cigarrillo, nunca lo acompañe. Déjelo ir solo.
11. Cuando un joven de
correcta presencia le diga: "Yo no estoy borracho", no baile ni un
momento más con él porque está alzadísimo y se le puede caer en medio de
salón.
12. Huya de los
hombres que tienen manos patinadoras...
13. No baile con sus
hermanos. Para eso está el dueño de la casa.
14. No hable de nada y
ríase de todo.
15. Pero si habla no cite autores; muchos
bailes se necesitan para poder nombrar a Silva.
16. No deje que su
mamá o sus tías le arreglen esas tres cintas que ningún broche ha podido sujetar jamás y que se van sobre sus
hombros. Usted tampoco se las esté poniendo a cada momento nerviosamente en
su sitio.
17. Tenga cuidado con el Champagne. No
embrutece, pero emborracha.
18. No lo pondere el bailado a su parejo porque
puede que le cuente dónde aprendió.
19. No cuente
historietas divertidas que acaba de saber. Todos los del baile las saben
desde su primera infancia.
20. No crea en ninguna
declaración de amor. Todos los hombres adoran a todas las mujeres --- ¡menos
a la suya claro! --- después del cuarto trago, y a veces desde antes.
21. No acepte que la
lleve a su casa un joven que maneja su automóvil. Los accidentes de tránsito
a la salida de los bailes se dan silvestres.
22. Convénzase de una
vez, finalmente, que un baile no tiene sino dos etapas agradables. Recibir la
invitación y quitarse los zapatos.
Agosto 13 de 1937>>
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Evaluación:
Los estudiantes se muestran
interesados si tienen la oportunidad de seguir la lectura en voz alta, con la
crónica impresa.
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Recursos: Crónica de Álvaro Cepeda
Samudio y de Emilia Pardo Umaña.
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Bibliografía:
CEPEDA SAMUDIO, Álvaro. El hombre
de los brazos largos. En: VALLEJO MEJÍA, Mariluz. La crónica en Colombia: medio siglo de oro. Biblioteca Familiar
Colombiana: Bogotá, 2004.
PARDO UMAÑA, Emilia. El primer baile. En: Los desvelados. Disponible en
la internet en: http://losdesveladosliterarios.blogspot.com/p/mio.html
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Quinta Sesión
EL FUTBOL TAMBIÉN SE JUEGA CON LA MANO: ESCRIBIENDO.
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Tema: ¿Sobre qué escribimos?
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Objetivos: Estimular la escritura en los estudiantes a través de un tema
que los apasione.
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Indicadores:
Se interesa en la lectura y la escritura de un tema que le
apasione.
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Actividades:
A.
Se leen las crónicas
de futbol de Eduardo Galeano, Un hincha
y Garrincha. …
B.
Se invita a la
escritura de crónicas sobre fútbol.
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Evaluación:
Gracias a la acertada selección
del tema que llama la atención de todos, se apreció mayor interés en la
escritura entre los estudiantes. Se adjuntan los ejercicios:
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Recursos: Crónicas de Eduardo
Galeano.
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Bibliografía:
GALEANO, Eduardo. El futbol a sol y sombra. Ediciones P/L@. Disponible en
la internet en: http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Galeano_Eduardo-El_futbol_a_sol_y_sombra.pdf
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Sexta Sesión
LA COCINA DE LA ESCRITURA
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Tema: Paso a paso de
la escritura
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Objetivos: Intentar que el estudiante se familiarice con la escritura y
sus dificultades y trate de superarlas.
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Indicadores:
Conoce y sigue los pasos de la escritura como acontecimiento creativo
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Actividades:
A.
Se expone el proceso
de la escritura como el de cocinar un rico plato, siguiendo la metáfora
utilizada por Daniel Cassany en su libro “La cocina de la escritura”. Se
adjunta guía de trabajo preparada por el grupo para la sesión.
B.
Se invita a seguir los
pasos para escribir una crónica:
*Primero: Escribir
sobre qué se va a tratar tu crónica. Ejemplo: “con este escrito contaré un
día de colegio… “
*Segundo: Cuente cómo
empieza y cómo se prepara usted para ir al colegio.
*Tercero: Cuente sus
impresiones sobre el colegio: cómo le parecen los salones, las canchas, la
oficina de profesores, los árboles, los patios, etc.
*Cuarto: Ahora, cuente
cómo le parecen las personas: los compañeros, los profesores, etc.
*Quinto: Ahora, cuente
algo importante que le haya pasado ese
día.
*Sexto: por último,
finalice diciendo cómo se acaba el día en el colegio y cómo se va a su casa
usted y sus amigos…
La guía:
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Evaluación:
Los estudiantes escribieron sus
crónicas, siguiendo la receta y lo hicieron con entusiasmo y propiedad.
Muchos de los que antes no habían escrito, esta vez lo hicieron.
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Recursos: Guía didáctica.
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Bibliografía:
LA ESCRITURA EN LA ESCUELA: UNA MIRADA DESDE LA COTIDIANIDAD. Disponible
en la Internet en:
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CONCLUSIONES
* Es indispensable que los temas que
se elijan para la lectura y la escritura sean de interés de los estudiantes.
* La crónica es el género literario
ideal para iniciar un proceso de escritura entre la gente que no ha tenido la
oportunidad de expresarse libremente por escrito.
* Enunciar y dejar bien claro al
auditorio que puede emplear completa libertad en la escritura de sus textos es
un incentivo infalible para escribir. No todos sabemos que somos libres y
cuando se nos proporciona esta oportunidad, algunos la saben aprovechar.
* Siempre es posible persuadir a una
persona para que escriba así se trate del menos interesado. Todo radica en el
método que se emplee.
* Luego de captar el interés del
auditorio para escribir, se puede emplear correctamente el uso de diferentes
gramáticas para mejorar la puntuación y la ortografía.
* Una estrategia para incentivar el
gusto por la lectura es realizando una publicación de los trabajos realizados
por el auditorio. Siempre y cuando se realicen las correcciones pertinentes de
cada trabajo.
* Una de las dificultades primordiales
es la disposición total del auditorio, especialmente cuando se dispone de un
auditorio de cincuenta (50) individuos. Por lo tanto, hay que ser didácticos y
recursivos utilizando todos los resultados obtenidos.
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