UNIVERSIDAD INDUSTRIAL
DE SANTANDER (UIS)
FACULTAD DE CIENCIAS
HUMANAS
ESCUELA DE IDIOMAS
(UIS)
TALLER DE DIDÁCTICA DE
LA LENGUA MATERNA II
Prof. WILSON GOMEZ
MORENO
TRABAJO PRESENTADO POR:
Edwin
Leonel Ulloa Reyez
Laura
Vanessa Olave Mendez
Adrián
Gómez Díaz
Angy
Gaona
Andrea
Abril Rojas
MARCO
TEÓRICO
¿QUÉ ES ESCRIBIR?
Ante la pregunta de ¿qué es escribir?, se podría
responder, primero que todo y entre tantas definiciones, que escribir es
vomitar. Escribir es vomitar en el sentido de que se saca de alguna parte de
nosotros algo que queremos decir, o que no, pero que de todas formas tiene que
salir porque causa malestar, náusea -y que a lo mejor si no sale se convierte
en un gusano, por decirlo así-; un gusano de vómitos que camina por nuestra
lengua, por los pulmones, por los intestinos, etcétera. Un gusano de palabras
sin forma que hallará una quizás en el momento que nos deje y nutra un vacío
más blanco que nosotros. El vacío del papel, el vacío de la hoja de la
computadora, el vacío de la pared; el vacío del instante en el que se escribe y
el vacío de la vida que será saqueado por las patas de sapo de nuestros
pensamientos, de nuestros sentimientos, de nuestros recuerdos; de nuestras
realidades-ficciones que cambian y desde la muerte, desde la tumba del vacío ya
no tan blanco, toman la máscara de la verdad y la mentira, mientras pasa el
tiempo con los pies del olvido-un gigante: el más grande del mundo- que llenan
todo de polvo mientras sudan y bailan.
Esto, lo anterior, es una definición del pensamiento
colectivo del grupo, de lo que es escribir o podría ser el ejercicio de la
escritura como tal. Digamos que desde una experiencia mediocre, y que por
supuesto no es una novedad, pero que se vale, ¿por qué no? Otra definición nos dice
que escribir es el proceso, por el cual, a través de una tecnología -la
escritura- expresamos un sentimiento, una idea, un pensamiento, etcétera; o sea
que escribir es comunicar algo, aunque en muchos casos esto no haya sido una
intención consciente. Algunos de los estudiantes del Colegio Santander (de 8 ▫
jornada de la tarde), a los que se les preguntó que para qué escribían, respondieron
de manera concreta que para expresar sus sentimientos, y de esta forma no
estaban tan lejos de la definición anterior. Además, señalaron que escribían
para aprender y esto también podría relacionarse fácilmente-aunque ellos no
hayan explicado aprender qué- con otra definición, muy común entre maestros de
lengua castellana, que apunta a que escribir es una forma de organizar los
pensamientos y los procesos dialógicos; y que todo se lleva a cabo consigo
mismo, pero a la que cabría agregarle
que escribir también es una forma de jugar con el pensamiento, con las nociones
e ideas, etc, y asimismo, que la escritura es un proceso selectivo muchas
veces, debido a que siempre está la libertad y la posibilidad de escoger que se
quiere dejar como marca sobre la hoja en blanco.
Los lineamientos
curriculares de Lengua Castellana señalan que el
proceso de escribir es similar al de leer. Es decir, que “no se trata solamente de una codificación de significados a través de
reglas lingüísticas. Se trata de un proceso que a la vez es social e individual
en el que se configura un mundo y se ponen en juego saberes, competencias,
intereses, y que a la vez está determinado por un contexto socio-cultural y
pragmático que determina el acto de escribir: escribir es producir el mundo (p.
27).
Siguiendo la cita previa, esta definición es quizá bastante más acertada que las anteriores,
y a partir de esta, se tomará impulso para lo que
se pretende con el taller de crónica que
llevaremos a cabo en grupo, nuestro taller de Crónica Libre 2014. De
todas formas, las definiciones previamente establecidas también sirven, y están
ahí cerca si se quiere hacer uso de ellas, porque el objetivo del taller no
solo es que los estudiantes aprendan a escribir un poco mejor- a través de la
enseñanza de la escritura de un género sencillo, pero lleno de diversidad, por
decirlo así, como es la crónica- sino que también den cuenta de ese mundo que
estando ya configurado interiormente, a pesar del caos y la complejidad de cada
ser, puede en el proceso de escribir configurarse de otra forma produciendo así
el mundo; una cara más del mundo y la vida, que también ayudan a conocerse un
poco más porque están totalmente impregnados de un contexto socio-cultural en
donde tanto lo individual como lo social son necesarios.
Siguiendo con los planteamientos de los Lineamientos Curriculares de Lengua
Castellana (MEN, 1998), hay que agregar que escribir es una de las cuatro competencias necesarias, junto a leer, hablar y escuchar, para lograr un desarrollo integral de los aspectos
relacionados con el lenguaje; y que este taller se justifica sobre todo en la
idea de que hay que “ir más allá de la competencia lingüística como horizonte
del trabajo pedagógico, e incluso más allá de la competencia comunicativa”
(MEN, p. 25), para así poder construir realmente sentido, porque eso también es
escribir: construir sentido. Asimismo, no sobra decir que con el proceso de
escribir, de producir un texto- en este caso crónicas- se ponen en juego
actividades cognitivas como son “la abstracción, el análisis, la síntesis, la
inferencia, la inducción, la deducción, la comparación, la asociación”(Estándares básicos de competencia del
lenguaje, 2006, p. 21).
¿QUÉ ES LA
ESCRITURA?
Para abordar qué es la escritura, se partirá de algo
que ya se dijo cuándo se trató de dar cuenta de qué es escribir. Me refiero a
las palabras, en donde se señala que la escritura es una “tecnología”, viniendo
dicha noción de uno de los filósofos griegos más importantes: Platón. Este
filósofo “consideraba la escritura como una tecnología externa y ajena, lo
mismo que muchas personas hoy en día piensan de la computadora” (Oralidad y escritura, p. 84), y con esto
se refería a que la escritura es algo artificial, algo no natural como si puede
serlo el habla oral de todo ser humano. Otra definición de escritura, que
aparece en el libro Oralidad y Escritura
del profesor Walter J. Ong, es la de Ferdinand de Saussure, cuando habla de la
primacía del habla oral y de la tendencia aún entre letrados “de considerar la
escritura como la forma básica del lenguaje” (Oralidad y escritura, p. 15), y
que apuntan a una de las características de toda escritura, aunque aquí
Saussure critique esa supuesta forma básica del lenguaje en la escritura: esto
es, que la escritura está estrechamente relacionada con la oralidad y que para
existir necesita de esta en tanto que la oralidad no necesita de escritura
alguna.
En el mismo libro de Walter J. Ong encontramos otras
citas referentes a la escritura que son de gran ayuda para definir esta. Dice
el autor de Oralidad y Escritura que
Edward Sapir, C. Hockett y Leonard Bloomfield sostenían la opinión de que “la
escritura simplemente representa en forma visible la lengua hablada” (p. 25), y
aunque esto no es del todo cierto, ya que no siempre representa la oralidad, si
lo es el hecho de que gracias a esta visibilidad de la escritura podemos
concebir las palabras que conforman la escritura como algo que se puede ver y
tocar, semejante a los objetos y las cosas. Con esto también se apunta a que la
escritura es una herramienta fundamental, una herramienta que se utiliza en un
para qué concreto.
Siguiendo
lo afirmado, la escritura es un aprendizaje artificial, a diferencia de cuando
aprendemos a hablar, que es un aprendizaje natural; la escritura ha tenido un
proceso complejísimo desde que se originó y apunta a un arte difícil de
aprender, pero sobre todo difícil de enseñar que tiene un largo proceso de
preparación -hoy en día- por parte de los maestros, quienes son, sin lugar a
dudas, sujetos sociales del cambio en la
enseñanza y el aprendizaje de la lectura y la escritura, poderosas herramientas
que, a su vez, son eventos que se dan en contexto porque la escritura no tiene
ningún matiz político, ni religioso ni mucho menos cultural, ya que desde
siglos atrás ha tenido un poder democratizador.
Ahora
bien, la escritura es un proceso muy complejo donde convergen muchos elementos,
tales como las herramientas, el espacio, los rituales, y en otras palabras, el
trabajo en lo cotidiano. Esta idea la reafirma el profesor Wilson Gómez Moreno en
su libro Apuntes al margen: “debemos
pensar que la especificidad de nuestro taller es la escritura; es decir, que a
él deben llegar personas interesadas en reparar, producir, construir o
reconstruir escrituras; por lo tanto, el saber que aquí debe circular es el
saber sobre el oficio de escribir. (Gómez Moreno, pág. 25)
De
la anterior cita, se puede apuntar a que en la vida cotidiana, un taller es el
espacio donde un aprendiz va a aprender un conocimiento en concreto. Así pues,
en el taller de escritura se va a aprender sobre la escritura. Vemos entonces
que el taller de escritura parte de un problema y, por ende, el taller se
enfoca a un saber especializado donde el que guía es el maestro-quien sabe- y
por otra parte, el que es guiado, el aprendiz, reconoce que no sabe. En
consecuencia, el taller de escritura es un proceso complejo, donde paso a paso
se aprende y construye como pasa en otros talleres de mecánica, panadería,
cocina, etc. Por tal efecto, nuestro taller de Crónica Libre 2014 se ha enfocado
desde el inicio a ese concepto fundamental de “taller”, para que los
estudiantes del Colegio Santander sean parte de dicho proceso.
TALLER COMO DIDÁCTICA DE LA ESCRITURA
Para abordar el taller
como didáctica de la escritura, se tiene en cuenta las ideas planteadas por el profesor
Wilson Gómez Moreno, en texto ya mencionado Apuntes
al margen: didáctica de la escritura (2005) debido a su pertenencia en el
desarrollo de nuestro taller que nos dilucida aspectos fundamentales de la
didáctica de la escritura. A saber, él expone que si se precisa el concepto de “taller”
y se observa el taller de escritura como se haría con un taller de mecánica,
salen a la luz aspectos propios del trabajo de escribir que se asemejan al de
cualquier otro oficio. Escribir tiene sus técnicas, sugiere unas prácticas,
afina unos métodos, hasta dar cuenta de los productos llamados textos.
Afirma Gómez: “Escribir es también un
ejercicio artesanal” (GOMEZ, 2005, p. 65). Desde este punto de vista, el taller
sería la forma didáctica más útil para la construcción de esos artefactos
peculiares que son los textos.
Por esto mismo,
apostaremos a nuestro objetivo didáctico a través de la práctica del taller de
escritura. Las observaciones del profesor nos apoyan en su realización, pues
define al taller como “un conjunto estructural de prácticas, eventos, rituales,
objetos y formas de hacer que se articulan en una dinámica compleja,
particularizada en cada situación, en cada problema por resolver.” (GOMEZ,
2005, p. 24). Allí radica el poder de la didáctica, que es justamente la que
muestra cómo resolverlos. Por lo menos, cada didáctica aprecia un camino por el
que los problemas antes bien muden en nuevas inquietudes.
Por ende, acompañar
este proceso por parte del maestro le implica comprender las dinámicas del
otro. El gesto de comprender, lo sitúa en un papel de “quien sabe hacer, enseña
“mostrando el saber”, orienta el hacer del otro, revisa, aconseja, aprueba y
evalúa” (GÓMEZ, 2005, p.28). Es también, agregaríamos, quien se maravilla de sus
estudiantes hasta que termina por aprender mucho de ellos. Por eso, en un
taller de escritura, el maestro ha de escribir los mismos ejercicios que sus
estudiantes, de suerte que aquellos les sirvan como modelo, anota también el
profesor Gómez.
En efecto, la didáctica
de la escritura puede ser desarrollada idóneamente desde esta perspectiva del
taller, pero su dimensión va siempre más allá. Juan Mallart aprecia que la
didáctica haya sido el nombre de un género literario desde la antigüedad. Los trabajos y los días de Hesíodo es un
ejemplo de texto cuya intención radica en enseñar a ser o a hacer. Para él, la
didáctica es una ciencia práctica, de intervención y transformadora de la
realidad (MALLART, 2001, p.7). Esta misión intrínseca de transformar la
realidad que asume la didáctica funciona también consigo misma, por lo que el
universo de las didácticas es considerable.
Es por esto que la
didáctica de la escritura implica un camino sugerente pero personal. El
objetivo que se comparte con otras didácticas es el mismo: enseñar- aprender a
escribir. Pero la vía es diferente. En este sentido, nuestro taller de crónica
libre 2014 apunta a esta idea fundamental del acto de escritura.
Ahora bien, una
didáctica de la escritura entiende que la habilidad para expresarnos por
escrito es fundamento de la comprensión y una fuente de apropiación del mundo,
en otras palabras, con la escritura podemos expresar lo que justamente es vital
para el ser. También, y como factor desencadenante muy propio, es a través de
la escritura como hacemos las propuestas y los cambios que el entorno requiere.
Las palabras y su escritura guardan dentro de sí el poder de transformar la
realidad, de volver verdadero y posible nuestro anhelo más fiel. En este
sentido, el taller de escritura es, por ende, el lugar para acoger a las
palabras como una de las herramientas indispensables para la vida. Disponerlas
para todos en el espacio-tiempo del taller es una posibilidad pertinente a las
comunidades en general.
Si bien es necesario
despertar la atención sobre las palabras con las que alimentaremos nuestros
textos, a este despertar de la conciencia del lenguaje asisten la razón y la intuición, entre otras facultades mentales
y sensoriales. Se trata de leer todo lo que acontece alrededor y volcarlo en el
recurso del lenguaje articulado. Por tal motivo, la didáctica de la escritura
se inspira en la actividad como manera de desinhibir a los estudiantes
escritores hacia la escritura de cualquier texto.
Pues bien, los aspectos
técnicos en la actualidad, están mediados por las transformaciones que logran
la lectura y la escritura. En la organización formal del texto, intervienen
factores de diversas modalidades en la actualidad y es necesario que la
didáctica se adapte a estos cambios hacia la multimodalidad:
“Nosotros vemos que los recursos multimodales están
disponibles en una cultura acostumbrada a construir sentido en cada uno de los
distintos signos, en todos los niveles, y de cualquier forma. Donde la
lingüística tradicional tenía un lenguaje definido como un sistema que funciona
a través de la doble articulación, donde un mensaje era una, articulación entre
significante y significado, nosotros vemos textos multimodales como
constructores de sentido en múltiples articulaciones”. (KRESS y VAN LEEUWEN, 2001, p. 3).
Conocedores de estos
aspectos técnicos, es que proponemos el uso de materiales para la escritura que
promuevan la libertad pero siempre bajo la atención despierta de cada
estudiante a quien se propone inventar y responsabilizarse de su propio método
de aprendizaje o didáctica. El ejercicio hecho a conciencia quizá le arroje la
fábula que no es otra cosa que el tesoro que encuentra y desentraña el trabajo
dedicado característico de un taller, una mina, un viaje. Siguiendo la idea
anterior, nuestro taller intentará seguir un proceso de escritura con cada uno
de los estudiantes, proyectando, paso a paso, un ejercicio didáctico en el
salón de clase.
¿QUÉ ES UNA CRÓNICA?
Como bien se
sabe, existe una gran variedad de definiciones de crónica. Pero, siempre
existen definiciones erróneas que desvían el verdadero sentido del objetivo de
la misma. Según Luis Gruss*, “la crónica
es un género o subgénero que se caracteriza por la amplitud de estilos y cierta
libertad del cronista para interpretar y construir (o reconstruir) con palabras
los hechos que ha visto y narra. Lo fundamental no es lo que se cuenta sino
cómo se cuenta”. Igualmente, se puede evidenciar que la crónica informa sobre
los hechos ocurridos aunque no se limita a esa función solamente, porque el
autor reinventa estos hechos desde la literatura y su subjetividad, siempre y
cuando no se pierda la fidelidad de los hechos.
Los hechos se revelan más en acciones que en consideraciones, porque
narrar es representar en el discurso acciones que se suceden en el tiempo y en
el espacio.
La palabra
crónica viene kronika biblios (crónica
biblia) y de khronos (tiempo)**,
su vida está dada ante el transcurso del tiempo. La crónica pretende atrapar el
raro fluir de las cosas. Un caso muy particular de esa “captura del raro fluir
de las cosas”, es América, que se hizo en base a crónicas. Se llenó de nombres,
ideas y conceptos como un intento de adaptación de lo que se sabía a lo que no
se sabía. Por ejemplo, Luis Gruss menciona que “un cronista de indias describe
una fruta que no había visto nunca. Y dice: “es como las manzanas de Castilla”,
sólo que es ovalada y adentro tiene carne anaranjada. Se evidencia que el
cronista no hablada de la manzana de Castilla”, es decir, tenía que partir de
algo: no podía empezar de la nada. Entonces, se puede decir que el acto de
componer una crónica parte de lo conocido para alcanzar lo desconocido. Por
ejemplo, vamos a un lugar con lo que creemos que vamos a ver y chocamos con lo
que vemos. De esos efectos colaterales de esa colisión (dos visiones) se
esconde la razón de una “buena” crónica.
La crónica se
ocupa fundamentalmente de contar lo que la gente vive y su cotidianidad y esa
misma gente es quien va a leer eso que se ha escrito, porque aquello que le
pasa a una persona les pasa casi a todos. Además, la crónica no requiere de
hechos extraordinarios (aunque pueda contenerlos); no pide más que una buena y
profunda mirada, buena escritura, estilo, personalidad, capacidad de contar
algo más o menos ordenadamente (lo que no excluye dar cuenta del caos, de lo
indeterminado, de lo que no puede ser fácilmente nombrado). Toda crónica está
muy cerca de evocar experiencias personales, cuantos más elementos se
incorporen de esa experiencia íntima a los relatos de hechos ajenos más
conseguiremos volver a estos últimos accesibles y reconocibles.
De igual
manera, Luis Gruss menciona que “lo central para un cronista es aprender a
mirar algo con la mayor atención. Y hacerlo siempre con la actitud del
“cazador”: con cierto espíritu primitivo y con la mayor fuerza posible. Ya en la elección del tema hay una toma de
posición. Luego saber: dónde poner el foco, qué dejar, qué eliminar, cómo
empezar, cómo terminar”. Pero incluso todo esto forma parte de la decisión
inicial, ¿Qué se quiere contar? ¿Por qué se hace? ¿Cómo voy a encarar esa
tarea? El otro desafío es la puesta en escena de la narración. Porque las
acciones puras, son siempre más poderosas que la frase más bonita. Además, no
se puede dejar a un lado la forma y el estilo propio de todos los géneros
literarios, por ejemplo, el uso correcto de verbos y signos de puntuación.
El otro tema
es definir la estructura (algo que quizás no haga falta definir de entrada ya
que en definitiva se trata del resultado de un proceso); si se usarán diálogos
o no, entrecomillados, datos puntuales y presentación de personajes en el
relato. Esto último es importante y en este caso como en los otros debemos
actuar casi como escritores. Un personaje –al igual que un escenario- debe
estar bien presentado. Una buena descripción de personajes y escenarios es
fundamental siempre que no se convierta en un catálogo de nimiedades.
La crónica es
un género informativo-narrativo con absoluta libertad expresiva. Se distinguen
principalmente dos partes. La primera parte que se tiene en cuenta en su
estructura es la titulación, porque es el principal medio para atraer al
lector. Para ello es necesario que la titulación tenga elementos interpretativos,
este debe ser llamativo, pero conservar lo frío e imparcial porque hace que el
lector se acerque a su texto sin percibir que se trata de una valoración de lo
que ha sucedido.
Asimismo, el
primer párrafo, tiene la función de captar un mayor interés por parte del
lector, por eso, se debe comenzar con un juicio acertado y original. El
objetivo es que el lector se sienta atraído por su lectura hasta el final del
texto. En algunas ocasiones, se utiliza una técnica que consiste en dejar algún
interrogante de cierta importancia al inicio para obligar a buscar la respuesta
en el cuerpo, pero es necesario hacerlo con precaución, ya que el interés
suscitado debe verse finalmente compensado.
El cuerpo de
la crónica tiene un estilo libre, por lo que es difícil prever si el cronista
va a dar más o menos importancia al hecho, o, por el contrario, a la
valoración. Además, no parece adecuado especificar una composición con una
presentación, argumentación y conclusión, pues el orden de las partes que lo componen
es diferente en cada una dependiendo de su autor. La conclusión no está siempre
al final del relato, pues muchos cronistas prefieren hacer la valoración al
principio, e incluso en los titulares, mientras que la argumentación
normalmente va a lo largo de todo el texto. Es un género con una estructura
formal absolutamente libre.
En opinión de
Susana González Reyna (1991: 37), “la crónica es un género que recurre a la
forma narrativa para el relato de lo sucedido, por lo que le corresponde la
estructura de un texto unitario. En su opinión, este género tiene unas
características en su redacción basadas en cuatro condiciones: Evocar los
hechos que quiere destacar, ordenar los datos importantes, dar el tono adecuado
para atraer al lector y como es un texto donde prepondera la subjetividad,
mostrarla de forma discreta y elegante”. Además, propone una estructura
sencilla de tres partes que considera igualmente importantes: La entrada, que
debe tener fuerza y resultar atractiva, el relato, que incluye los detalles
importantes de lo sucedido y la conclusión, que es el final del relato, aunque
no un juicio.
Por último,
las crónicas son tan variadas como los estilos de sus autores. Cada escritor
imprime su sello personal, por lo que intentar hacer una clasificación válida
para todos los casos. Por ello, algunos autores prefieren distinguirlas
teniendo en cuenta el asunto del que tratan, por ejemplo, crónica de sucesos,
crónica deportiva, crónica taurina, etc. o el lugar desde el que se realizan
crónica de corresponsal en el extranjero, crónica de corresponsal en
provincias, crónica de enviado especial, etc. (García Núñez, 1985: 63).
Igualmente, Lorenzo
Gomis diferencia la crónica en dos tipos: la crónica que cubre un lugar, y la
crónica que cubre un suceso. Para este autor, en el primer grupo el escritor
relata y valora cualquier asunto que se presente en el sitio desde donde la
realiza, en el segundo caso lo normal es que se trate de un especialista en
crónicas judiciales, deportivas o parlamentarias.
Pero además de
lo anterior, un cronista se identifica es en su estilo particular. Se trata de
un texto que siempre debe estar elaborado con recursos creativos, ya que es el
rasgo característico. En palabras de Martín Vivaldi (1998: 139), todo buen
cronista debe “informar literariamente”. Pero también es un texto informativo,
por lo que debe estar redactado con claridad, sencillez y precisión. Son textos
que informan sobre acontecimientos políticos, sociales, deportivos o taurinos
desde el lugar en el que se han producido, pero el cronista imprime su propio
estilo. Y por esto se permite diferenciarlas en dos grupos. Cuando su estilo le
da un contenido preferentemente centrado en la función informativa, tenemos la
crónica informativa; y cuando principalmente está inclinado hacia una
valoración de lo sucedido sin olvidar la información, se trata de una crónica
valorativa.
BIBLIOGRAFÍA
·
YANES,
R. (2006). La crónica, un género del periodismo literario equidistante entre la
información y la interpretación. Revista de estudios literarios, 32. Recuperado
el 13 de Junio de 2014, desde http://www.ucm.es/info/especulo/numero32/cronica.html
·
GRUSS,
L. (2014). Crónica, repaso general. Recuperado el 13 de Junio de 2014, desde
http://suspendelviaje.blogspot.com/
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