domingo, 31 de agosto de 2014

TALLER DE ESCRITURA - MARCO TEÓRICO



UNIVERSIDAD INDUSTRIAL DE SANTANDER (UIS)
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS
ESCUELA DE IDIOMAS (UIS)
TALLER DE DIDÁCTICA DE LA LENGUA MATERNA II
Prof. WILSON GOMEZ MORENO

TRABAJO PRESENTADO POR:
Edwin Leonel Ulloa Reyez
Laura Vanessa Olave Mendez
Adrián Gómez Díaz
Angy Gaona
Andrea Abril Rojas


MARCO TEÓRICO


¿QUÉ ES ESCRIBIR?

Ante la pregunta de ¿qué es escribir?, se podría responder, primero que todo y entre tantas definiciones, que escribir es vomitar. Escribir es vomitar en el sentido de que se saca de alguna parte de nosotros algo que queremos decir, o que no, pero que de todas formas tiene que salir porque causa malestar, náusea -y que a lo mejor si no sale se convierte en un gusano, por decirlo así-; un gusano de vómitos que camina por nuestra lengua, por los pulmones, por los intestinos, etcétera. Un gusano de palabras sin forma que hallará una quizás en el momento que nos deje y nutra un vacío más blanco que nosotros. El vacío del papel, el vacío de la hoja de la computadora, el vacío de la pared; el vacío del instante en el que se escribe y el vacío de la vida que será saqueado por las patas de sapo de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos, de nuestros recuerdos; de nuestras realidades-ficciones que cambian y desde la muerte, desde la tumba del vacío ya no tan blanco, toman la máscara de la verdad y la mentira, mientras pasa el tiempo con los pies del olvido-un gigante: el más grande del mundo- que llenan todo de polvo mientras sudan y bailan.

Esto, lo anterior, es una definición del pensamiento colectivo del grupo, de lo que es escribir o podría ser el ejercicio de la escritura como tal. Digamos que desde una experiencia mediocre, y que por supuesto no es una novedad, pero que se vale, ¿por qué no? Otra definición nos dice que escribir es el proceso, por el cual, a través de una tecnología -la escritura- expresamos un sentimiento, una idea, un pensamiento, etcétera; o sea que escribir es comunicar algo, aunque en muchos casos esto no haya sido una intención consciente. Algunos de los estudiantes del Colegio Santander (de 8 ▫ jornada de la tarde), a los que se les preguntó que para qué escribían, respondieron de manera concreta que para expresar sus sentimientos, y de esta forma no estaban tan lejos de la definición anterior. Además, señalaron que escribían para aprender y esto también podría relacionarse fácilmente-aunque ellos no hayan explicado aprender qué- con otra definición, muy común entre maestros de lengua castellana, que apunta a que escribir es una forma de organizar los pensamientos y los procesos dialógicos; y que todo se lleva a cabo consigo mismo, pero a la que cabría  agregarle que escribir también es una forma de jugar con el pensamiento, con las nociones e ideas, etc, y asimismo, que la escritura es un proceso selectivo muchas veces, debido a que siempre está la libertad y la posibilidad de escoger que se quiere dejar como marca sobre la hoja en blanco.

Los lineamientos curriculares de Lengua Castellana señalan que el proceso de escribir es similar al de leer. Es decir, que “no se trata solamente de una codificación de significados a través de reglas lingüísticas. Se trata de un proceso que a la vez es social e individual en el que se configura un mundo y se ponen en juego saberes, competencias, intereses, y que a la vez está determinado por un contexto socio-cultural y pragmático que determina el acto de escribir: escribir es producir el mundo (p. 27). 

Siguiendo la cita previa, esta definición es quizá bastante más acertada que las anteriores, y a  partir de esta, se tomará impulso para lo que se pretende con el taller de crónica que  llevaremos a cabo en grupo, nuestro taller de Crónica Libre 2014. De todas formas, las definiciones previamente establecidas también sirven, y están ahí cerca si se quiere hacer uso de ellas, porque el objetivo del taller no solo es que los estudiantes aprendan a escribir un poco mejor- a través de la enseñanza de la escritura de un género sencillo, pero lleno de diversidad, por decirlo así, como es la crónica- sino que también den cuenta de ese mundo que estando ya configurado interiormente, a pesar del caos y la complejidad de cada ser, puede en el proceso de escribir configurarse de otra forma produciendo así el mundo; una cara más del mundo y la vida, que también ayudan a conocerse un poco más porque están totalmente impregnados de un contexto socio-cultural en donde tanto lo individual como lo social son necesarios.

Siguiendo con los planteamientos de los Lineamientos Curriculares de Lengua Castellana (MEN, 1998), hay que agregar que escribir es una de las cuatro competencias necesarias, junto a leer, hablar y escuchar, para lograr un desarrollo integral de los aspectos relacionados con el lenguaje; y que este taller se justifica sobre todo en la idea de que hay que “ir más allá de la competencia lingüística como horizonte del trabajo pedagógico, e incluso más allá de la competencia comunicativa” (MEN, p. 25), para así poder construir realmente sentido, porque eso también es escribir: construir sentido. Asimismo, no sobra decir que con el proceso de escribir, de producir un texto- en este caso crónicas- se ponen en juego actividades cognitivas como son “la abstracción, el análisis, la síntesis, la inferencia, la inducción, la deducción, la comparación, la asociación”(Estándares básicos de competencia del lenguaje, 2006, p. 21).

¿QUÉ ES LA ESCRITURA?

Para abordar qué es la escritura, se partirá de algo que ya se dijo cuándo se trató de dar cuenta de qué es escribir. Me refiero a las palabras, en donde se señala que la escritura es una “tecnología”, viniendo dicha noción de uno de los filósofos griegos más importantes: Platón. Este filósofo “consideraba la escritura como una tecnología externa y ajena, lo mismo que muchas personas hoy en día piensan de la computadora” (Oralidad y escritura, p. 84), y con esto se refería a que la escritura es algo artificial, algo no natural como si puede serlo el habla oral de todo ser humano. Otra definición de escritura, que aparece en el libro Oralidad y Escritura del profesor Walter J. Ong, es la de Ferdinand de Saussure, cuando habla de la primacía del habla oral y de la tendencia aún entre letrados “de considerar la escritura como la forma básica del lenguaje” (Oralidad y escritura, p. 15), y que apuntan a una de las características de toda escritura, aunque aquí Saussure critique esa supuesta forma básica del lenguaje en la escritura: esto es, que la escritura está estrechamente relacionada con la oralidad y que para existir necesita de esta en tanto que la oralidad no necesita de escritura alguna.

En el mismo libro de Walter J. Ong encontramos otras citas referentes a la escritura que son de gran ayuda para definir esta. Dice el autor de Oralidad y Escritura que Edward Sapir, C. Hockett y Leonard Bloomfield sostenían la opinión de que “la escritura simplemente representa en forma visible la lengua hablada” (p. 25), y aunque esto no es del todo cierto, ya que no siempre representa la oralidad, si lo es el hecho de que gracias a esta visibilidad de la escritura podemos concebir las palabras que conforman la escritura como algo que se puede ver y tocar, semejante a los objetos y las cosas. Con esto también se apunta a que la escritura es una herramienta fundamental, una herramienta que se utiliza en un para qué concreto. 

Siguiendo lo afirmado, la escritura es un aprendizaje artificial, a diferencia de cuando aprendemos a hablar, que es un aprendizaje natural; la escritura ha tenido un proceso complejísimo desde que se originó y apunta a un arte difícil de aprender, pero sobre todo difícil de enseñar que tiene un largo proceso de preparación -hoy en día- por parte de los maestros, quienes son, sin lugar a dudas, sujetos sociales del cambio en  la enseñanza y el aprendizaje de la lectura y la escritura, poderosas herramientas que, a su vez, son eventos que se dan en contexto porque la escritura no tiene ningún matiz político, ni religioso ni mucho menos cultural, ya que desde siglos atrás ha tenido un poder democratizador.

Ahora bien, la escritura es un proceso muy complejo donde convergen muchos elementos, tales como las herramientas, el espacio, los rituales, y en otras palabras, el trabajo en lo cotidiano. Esta idea la reafirma el profesor Wilson Gómez Moreno en su libro Apuntes al margen: “debemos pensar que la especificidad de nuestro taller es la escritura; es decir, que a él deben llegar personas interesadas en reparar, producir, construir o reconstruir escrituras; por lo tanto, el saber que aquí debe circular es el saber sobre el oficio de escribir. (Gómez Moreno, pág. 25)

De la anterior cita, se puede apuntar a que en la vida cotidiana, un taller es el espacio donde un aprendiz va a aprender un conocimiento en concreto. Así pues, en el taller de escritura se va a aprender sobre la escritura. Vemos entonces que el taller de escritura parte de un problema y, por ende, el taller se enfoca a un saber especializado donde el que guía es el maestro-quien sabe- y por otra parte, el que es guiado, el aprendiz, reconoce que no sabe. En consecuencia, el taller de escritura es un proceso complejo, donde paso a paso se aprende y construye como pasa en otros talleres de mecánica, panadería, cocina, etc. Por tal efecto, nuestro taller de Crónica Libre 2014 se ha enfocado desde el inicio a ese concepto fundamental de “taller”, para que los estudiantes del Colegio Santander sean parte de dicho proceso.


TALLER COMO DIDÁCTICA DE LA ESCRITURA

Para abordar el taller como didáctica de la escritura, se tiene en cuenta las ideas planteadas por el profesor Wilson Gómez Moreno, en texto ya mencionado Apuntes al margen: didáctica de la escritura (2005) debido a su pertenencia en el desarrollo de nuestro taller que nos dilucida aspectos fundamentales de la didáctica de la escritura. A saber, él expone que si se precisa el concepto de “taller” y se observa el taller de escritura como se haría con un taller de mecánica, salen a la luz aspectos propios del trabajo de escribir que se asemejan al de cualquier otro oficio. Escribir tiene sus técnicas, sugiere unas prácticas, afina unos métodos, hasta dar cuenta de los productos llamados textos. Afirma  Gómez: “Escribir es también un ejercicio artesanal” (GOMEZ, 2005, p. 65). Desde este punto de vista, el taller sería la forma didáctica más útil para la construcción de esos artefactos peculiares que son los textos.

Por esto mismo, apostaremos a nuestro objetivo didáctico a través de la práctica del taller de escritura. Las observaciones del profesor nos apoyan en su realización, pues define al taller como “un conjunto estructural de prácticas, eventos, rituales, objetos y formas de hacer que se articulan en una dinámica compleja, particularizada en cada situación, en cada problema por resolver.” (GOMEZ, 2005, p. 24). Allí radica el poder de la didáctica, que es justamente la que muestra cómo resolverlos. Por lo menos, cada didáctica aprecia un camino por el que los problemas antes bien muden en nuevas inquietudes.

Por ende, acompañar este proceso por parte del maestro le implica comprender las dinámicas del otro. El gesto de comprender, lo sitúa en un papel de “quien sabe hacer, enseña “mostrando el saber”, orienta el hacer del otro, revisa, aconseja, aprueba y evalúa” (GÓMEZ, 2005, p.28). Es también, agregaríamos, quien se maravilla de sus estudiantes hasta que termina por aprender mucho de ellos. Por eso, en un taller de escritura, el maestro ha de escribir los mismos ejercicios que sus estudiantes, de suerte que aquellos les sirvan como modelo, anota también el profesor Gómez.

En efecto, la didáctica de la escritura puede ser desarrollada idóneamente desde esta perspectiva del taller, pero su dimensión va siempre más allá. Juan Mallart aprecia que la didáctica haya sido el nombre de un género literario desde la antigüedad. Los trabajos y los días de Hesíodo es un ejemplo de texto cuya intención radica en enseñar a ser o a hacer. Para él, la didáctica es una ciencia práctica, de intervención y transformadora de la realidad (MALLART, 2001, p.7). Esta misión intrínseca de transformar la realidad que asume la didáctica funciona también consigo misma, por lo que el universo de las didácticas es considerable.

Es por esto que la didáctica de la escritura implica un camino sugerente pero personal. El objetivo que se comparte con otras didácticas es el mismo: enseñar- aprender a escribir. Pero la vía es diferente. En este sentido, nuestro taller de crónica libre 2014 apunta a esta idea fundamental del acto de escritura.

Ahora bien, una didáctica de la escritura entiende que la habilidad para expresarnos por escrito es fundamento de la comprensión y una fuente de apropiación del mundo, en otras palabras, con la escritura podemos expresar lo que justamente es vital para el ser. También, y como factor desencadenante muy propio, es a través de la escritura como hacemos las propuestas y los cambios que el entorno requiere. Las palabras y su escritura guardan dentro de sí el poder de transformar la realidad, de volver verdadero y posible nuestro anhelo más fiel. En este sentido, el taller de escritura es, por ende, el lugar para acoger a las palabras como una de las herramientas indispensables para la vida. Disponerlas para todos en el espacio-tiempo del taller es una posibilidad pertinente a las comunidades en general.

Si bien es necesario despertar la atención sobre las palabras con las que alimentaremos nuestros textos, a este despertar de la conciencia del lenguaje asisten la razón y  la intuición, entre otras facultades mentales y sensoriales. Se trata de leer todo lo que acontece alrededor y volcarlo en el recurso del lenguaje articulado. Por tal motivo, la didáctica de la escritura se inspira en la actividad como manera de desinhibir a los estudiantes escritores hacia la escritura de cualquier texto.

Pues bien, los aspectos técnicos en la actualidad, están mediados por las transformaciones que logran la lectura y la escritura. En la organización formal del texto, intervienen factores de diversas modalidades en la actualidad y es necesario que la didáctica se adapte a estos cambios hacia la multimodalidad:

“Nosotros vemos que los recursos multimodales están disponibles en una cultura acostumbrada a construir sentido en cada uno de los distintos signos, en todos los niveles, y de cualquier forma. Donde la lingüística tradicional tenía un lenguaje definido como un sistema que funciona a través de la doble articulación, donde un mensaje era una, articulación entre significante y significado, nosotros vemos textos multimodales como constructores de sentido en múltiples articulaciones”. (KRESS y VAN LEEUWEN, 2001, p. 3).

Conocedores de estos aspectos técnicos, es que proponemos el uso de materiales para la escritura que promuevan la libertad pero siempre bajo la atención despierta de cada estudiante a quien se propone inventar y responsabilizarse de su propio método de aprendizaje o didáctica. El ejercicio hecho a conciencia quizá le arroje la fábula que no es otra cosa que el tesoro que encuentra y desentraña el trabajo dedicado característico de un taller, una mina, un viaje. Siguiendo la idea anterior, nuestro taller intentará seguir un proceso de escritura con cada uno de los estudiantes, proyectando, paso a paso, un ejercicio didáctico en el salón de clase.


¿QUÉ ES UNA CRÓNICA?

Como bien se sabe, existe una gran variedad de definiciones de crónica. Pero, siempre existen definiciones erróneas que desvían el verdadero sentido del objetivo de la misma.  Según Luis Gruss*, “la crónica es un género o subgénero que se caracteriza por la amplitud de estilos y cierta libertad del cronista para interpretar y construir (o reconstruir) con palabras los hechos que ha visto y narra. Lo fundamental no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta”. Igualmente, se puede evidenciar que la crónica informa sobre los hechos ocurridos aunque no se limita a esa función solamente, porque el autor reinventa estos hechos desde la literatura y su subjetividad, siempre y cuando no se pierda la fidelidad de los hechos.  Los hechos se revelan más en acciones que en consideraciones, porque narrar es representar en el discurso acciones que se suceden en el tiempo y en el espacio.

La palabra crónica viene kronika biblios (crónica biblia) y de khronos (tiempo)**, su vida está dada ante el transcurso del tiempo. La crónica pretende atrapar el raro fluir de las cosas. Un caso muy particular de esa “captura del raro fluir de las cosas”, es América, que se hizo en base a crónicas. Se llenó de nombres, ideas y conceptos como un intento de adaptación de lo que se sabía a lo que no se sabía. Por ejemplo, Luis Gruss menciona que “un cronista de indias describe una fruta que no había visto nunca. Y dice: “es como las manzanas de Castilla”, sólo que es ovalada y adentro tiene carne anaranjada. Se evidencia que el cronista no hablada de la manzana de Castilla”, es decir, tenía que partir de algo: no podía empezar de la nada. Entonces, se puede decir que el acto de componer una crónica parte de lo conocido para alcanzar lo desconocido. Por ejemplo, vamos a un lugar con lo que creemos que vamos a ver y chocamos con lo que vemos. De esos efectos colaterales de esa colisión (dos visiones) se esconde la razón de una “buena” crónica.

La crónica se ocupa fundamentalmente de contar lo que la gente vive y su cotidianidad y esa misma gente es quien va a leer eso que se ha escrito, porque aquello que le pasa a una persona les pasa casi a todos. Además, la crónica no requiere de hechos extraordinarios (aunque pueda contenerlos); no pide más que una buena y profunda mirada, buena escritura, estilo, personalidad, capacidad de contar algo más o menos ordenadamente (lo que no excluye dar cuenta del caos, de lo indeterminado, de lo que no puede ser fácilmente nombrado). Toda crónica está muy cerca de evocar experiencias personales, cuantos más elementos se incorporen de esa experiencia íntima a los relatos de hechos ajenos más conseguiremos volver a estos últimos accesibles y reconocibles.

De igual manera, Luis Gruss menciona que “lo central para un cronista es aprender a mirar algo con la mayor atención. Y hacerlo siempre con la actitud del “cazador”: con cierto espíritu primitivo y con la mayor fuerza posible.  Ya en la elección del tema hay una toma de posición. Luego saber: dónde poner el foco, qué dejar, qué eliminar, cómo empezar, cómo terminar”. Pero incluso todo esto forma parte de la decisión inicial, ¿Qué se quiere contar? ¿Por qué se hace? ¿Cómo voy a encarar esa tarea? El otro desafío es la puesta en escena de la narración. Porque las acciones puras, son siempre más poderosas que la frase más bonita. Además, no se puede dejar a un lado la forma y el estilo propio de todos los géneros literarios, por ejemplo, el uso correcto de verbos y signos de puntuación.

El otro tema es definir la estructura (algo que quizás no haga falta definir de entrada ya que en definitiva se trata del resultado de un proceso); si se usarán diálogos o no, entrecomillados, datos puntuales y presentación de personajes en el relato. Esto último es importante y en este caso como en los otros debemos actuar casi como escritores. Un personaje –al igual que un escenario- debe estar bien presentado. Una buena descripción de personajes y escenarios es fundamental siempre que no se convierta en un catálogo de nimiedades.

La crónica es un género informativo-narrativo con absoluta libertad expresiva. Se distinguen principalmente dos partes. La primera parte que se tiene en cuenta en su estructura es la titulación, porque es el principal medio para atraer al lector. Para ello es necesario que la titulación tenga elementos interpretativos, este debe ser llamativo, pero conservar lo frío e imparcial porque hace que el lector se acerque a su texto sin percibir que se trata de una valoración de lo que ha sucedido.

Asimismo, el primer párrafo, tiene la función de captar un mayor interés por parte del lector, por eso, se debe comenzar con un juicio acertado y original. El objetivo es que el lector se sienta atraído por su lectura hasta el final del texto. En algunas ocasiones, se utiliza una técnica que consiste en dejar algún interrogante de cierta importancia al inicio para obligar a buscar la respuesta en el cuerpo, pero es necesario hacerlo con precaución, ya que el interés suscitado debe verse finalmente compensado.

El cuerpo de la crónica tiene un estilo libre, por lo que es difícil prever si el cronista va a dar más o menos importancia al hecho, o, por el contrario, a la valoración. Además, no parece adecuado especificar una composición con una presentación, argumentación y conclusión, pues el orden de las partes que lo componen es diferente en cada una dependiendo de su autor. La conclusión no está siempre al final del relato, pues muchos cronistas prefieren hacer la valoración al principio, e incluso en los titulares, mientras que la argumentación normalmente va a lo largo de todo el texto. Es un género con una estructura formal absolutamente libre.

En opinión de Susana González Reyna (1991: 37), “la crónica es un género que recurre a la forma narrativa para el relato de lo sucedido, por lo que le corresponde la estructura de un texto unitario. En su opinión, este género tiene unas características en su redacción basadas en cuatro condiciones: Evocar los hechos que quiere destacar, ordenar los datos importantes, dar el tono adecuado para atraer al lector y como es un texto donde prepondera la subjetividad, mostrarla de forma discreta y elegante”. Además, propone una estructura sencilla de tres partes que considera igualmente importantes: La entrada, que debe tener fuerza y resultar atractiva, el relato, que incluye los detalles importantes de lo sucedido y la conclusión, que es el final del relato, aunque no un juicio.

Por último, las crónicas son tan variadas como los estilos de sus autores. Cada escritor imprime su sello personal, por lo que intentar hacer una clasificación válida para todos los casos. Por ello, algunos autores prefieren distinguirlas teniendo en cuenta el asunto del que tratan, por ejemplo, crónica de sucesos, crónica deportiva, crónica taurina, etc. o el lugar desde el que se realizan crónica de corresponsal en el extranjero, crónica de corresponsal en provincias, crónica de enviado especial, etc. (García Núñez, 1985: 63).

Igualmente, Lorenzo Gomis diferencia la crónica en dos tipos: la crónica que cubre un lugar, y la crónica que cubre un suceso. Para este autor, en el primer grupo el escritor relata y valora cualquier asunto que se presente en el sitio desde donde la realiza, en el segundo caso lo normal es que se trate de un especialista en crónicas judiciales, deportivas o parlamentarias.

Pero además de lo anterior, un cronista se identifica es en su estilo particular. Se trata de un texto que siempre debe estar elaborado con recursos creativos, ya que es el rasgo característico. En palabras de Martín Vivaldi (1998: 139), todo buen cronista debe “informar literariamente”. Pero también es un texto informativo, por lo que debe estar redactado con claridad, sencillez y precisión. Son textos que informan sobre acontecimientos políticos, sociales, deportivos o taurinos desde el lugar en el que se han producido, pero el cronista imprime su propio estilo. Y por esto se permite diferenciarlas en dos grupos. Cuando su estilo le da un contenido preferentemente centrado en la función informativa, tenemos la crónica informativa; y cuando principalmente está inclinado hacia una valoración de lo sucedido sin olvidar la información, se trata de una crónica valorativa.


BIBLIOGRAFÍA

·       YANES, R. (2006). La crónica, un género del periodismo literario equidistante entre la información y la interpretación. Revista de estudios literarios, 32. Recuperado el 13 de Junio de 2014, desde http://www.ucm.es/info/especulo/numero32/cronica.html
·       GRUSS, L. (2014). Crónica, repaso general. Recuperado el 13 de Junio de 2014, desde http://suspendelviaje.blogspot.com/


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